Consulta de psicología y sexología

Consulta de psicología y sexología
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viernes, 7 de marzo de 2014

INTRODUCCIÓN DEL PENE

Con el espacio acondicionado y habiendo realizado los ejercicios previos de relajación y masajes sensuales, la mujer tumbada con las piernas abiertas, tomando la mano de su pareja introducirá lenta y gradualmente un dedo adecuadamente lubrificado, en su vagina hasta poderlo retener en su interior con comodidad, seguidamente introducirá de la misma forma el segundo dedo e ira moviendo poco a poco ambos dedos dentro de la vagina, así durante cinco minutos.
Cuando ella se sienta suficientemente excitada y la vagina bien dilatada, bien se pondrá encima del hombre o permanecer con las piernas bien abiertas, para ir introduciendo el pene lentamente dentro de su vagina, siguiendo su propio ritmo y si lo consideras necesario lo puedes lubrificar previamente. Cuando se sienta cómoda con el pene en su interior, se relajará y permanecerá en esta situación durante cinco minutos, antes de finalizar el ejercicio.

Una vez superada esta fase con suficiente satisfacción y comodidad, puedes hacer el ejercicio anterior continuando con movimientos lentos sintiendo como el pene resbala dentro de la vagina. El hombre ha de permanecer pasivo, dejando que sea ella quien realice todos los movimientos. Ella continuará durante cinco minutos haciendo deslizarse el pene en su vagina, como movimientos hacia dentro y hacia fuera. Y pasado este tiempo ella puede finalizar el ejercicio cuando lo desee. 

PENETRACION PARCIAL

Preparar conjuntamente vuestro espacio erótico y desnudaos mutuamente, luego la mujer se tumba con las piernas muy abiertas y el hombre se sitúa de rodillas entre ellas. E inmediatamente comenzáis cada uno a acariciar su propio cuerpo como en los ejercicios anteriores sin perder el contacto mental y emocional con las sensaciones eróticas provenientes del masaje de los propios genitales.
En una primera ocasión, en cuanto el hombre sienta llegar al orgasmo, se inclina sobre la mujer e introduce en pene en la vagina inmediatamente después de sentir la necesidad de eyacular, en el inicio del orgasmo.
En la siguiente ocasión, después de seguir todo el proceso anterior, la penetración se producirá justo antes de eyacular, para en el momento de introducir el pene en la vagina, efectuar movimientos rápidos de la cadera para estimular el orgasmo.

En la tercer ocasión, siguiendo el procedimiento de las anteriores, el hombre iniciará la penetración cuando se encuentre cerca del umbral de orgasmo, pero antes del punto de no retorno. En ese momento la mujer efectuará movimientos rápidos de caderas hasta llegar al orgasmo.

PENETRACIÓN CON PARADA Y ARRANQUE

Preparado el entorno y una vez relajados y desnudos, empezamos con caricias sensuales por el cuerpo el uno al otro, siendo acariciados pro la mano del otro, besándose y transmitiéndose afecto, hasta que la mujer sienta el inicio de la excitación sexual y el hombre consiga la erección de su pene, aunque sin estar demasiado excitados. Si la mujer no tiene suficiente lubrificación puede utilizar un lubrificante intravaginal.
Luego, el hombre se tumba de espaldas y la mujer se sienta con las piernas separadas, sobre la zona pélvica de él. Una vez acomodada, la mujer se sitúa sobre el pene erecto y cogiéndolo con la mano lo introduce en la vagina, sentándose sobre él.

Ella permanece sentada tranquilamente durante unos momentos con el pene en su interior, sin moverse, para que él pueda centrar su atención en las agradables sensaciones de su pene dentro de la vagina. A continuación, él coge con las manos las caderas de ella para guiar lentamente sus movimientos hacia arriba y abajo, hasta que sienta llegar al orgasmo, pero sin sobrepasar el punto de no retorno. En ese momento indicará a la mujer que cese sus movimientos, continuando con el pene en el interior de la vagina mientras va descendiendo la excitación del hombre. Antes de perder totalmente la erección, animará a su pareja a continuar con los movimientos coitales, repitiendo el procedimiento por tres veces y a la cuarta vez dejará producirse el orgasmo dentro de la vagina.

COITO CON AUTOESTIMULACIÓN Y AFECTIVIDAD

El sexo puede ser una profunda culminación, y el sexo puede lanzarte de vuelta a tu totalidad, a tu ser natural, real, por muchas razones. El sexo es un acto total, eres lanzado fuera de tu mente, de tu ajuste. Estás identificado con la mente, y el sexo es un acto no-mental. Te quedas sin cabeza; no tienes ca­beza durante el acto. No hay ningún razona­miento, ningún proceso mental. Y si hay algún proceso mental, no hay acto sexual real, auténti­co. Entonces no hay orgasmo, no hay culmina­ción. Entonces el acto sexual se vuelve una cosa local, algo cerebral.
Por todo el mundo, tanto anhelo, tanto deseo de sexo, no es porque el mundo se haya vuelto más sexual. Es porque ni siquiera puedes disfrutar el sexo como un acto total. El mundo era más se­xual antes. Por eso no había tanto anhelo de sexo. Toda la mente moderna se ha vuelto sexual porque el acto sexual mismo ya no existe, es transferido a la mente. Se ha vuelto mental; piensas en ello.
¡Olvídate de controlar! El control es la barrera. Antes bien, sé poseído por ello; no lo controles. Vuélvete el cuerpo, vuélvete el animal, porque el animal es total. Y tal como es el hombre moderno, sólo el sexo parece ser la posibilidad más fácil para hacerte total, porque el sexo es el centro biológico más profundo que hay dentro de ti. Has nacido de él. Cada una de tus células es una célula sexual; todo tu cuerpo es un fenómeno de energía sexual.
Para ti, el acto sexual es un desahogo. De modo que cuando entras en él tie­nes prisa. Sólo quieres desahogarte. Soltarás la energía desbordante; te quedarás en calma. Esta calma es un tipo de debilidad. La energía desbordante crea tensiones, excitación. Cuando has soltado la ener­gía, te sientes débil. Puede que esta debilidad te parezca una relajación. Como ya no hay excita­ción, como ya no hay energía desbordante, pue­des relajarte. Pero esta relajación es una relajación negativa. Si sólo te puedes relajar tirando energía, el precio es muy alto.
No tengas prisas y no anheles el final: permanece en el principio. El acto sexual tiene dos partes: el principio y el final. Permanece en el principio. La parte inicial es más relajada, cálida. Pero no tengas prisa por llegar al final. No busques la eyaculación; olvídate completamente de ella. Sé total en este cálido principio. Permanece con tu amada o tu amante como si os hubieseis vuelto uno.
Normalmente, cuando estás en el acto sexual, hay cuatro personas, no dos, y esto es un cuadrado: hay cuatro ángulos, porque tú mismo estás dividido en dos..., en la parte que piensa y la parte que siente. Tu pareja también está dividida en dos; sois cuatro perso­nas. No se están uniendo dos personas; se están uniendo cuatro personas. La unión es simplemente falsa, parece una unión, pero no la hay. No puede haber comunión, porque tu parte más profunda está oculta y la parte oculta de tu amada también está oculta. Sólo se están juntando dos cabezas, sólo se están uniendo dos procesos de pensamiento, no dos procesos de sentir.
La verdadera unión es cuando os volvéis un círculo. No hay ángulos, y la unión no es sólo durante un momento. La unión es verdaderamente intemporal; no hay tiempo en ella. Y esto sólo puede suceder si no estás buscan­do la eyaculación. Si estás buscando la eyaculación, entonces se volverá una unión triangular, porque en el momento en que hay eyaculación se pierde el punto de contacto.
No consideres el acto sexual como una forma de llegar a alguna par­te. No lo consideres un medio; es el fin en sí mis­mo. No tiene un fin; no es un medio. Disfruta la unión de dos cuerpos, dos almas, y fundíos el uno en el otro, disolveos el uno en el otro. Por eso, si no hay amor, el acto sexual es un acto apresurado. Estás usando al otro; el otro es sólo un medio. Y el otro te está usando a ti. Os estáis explotando el uno al otro, no estáis fundiéndoos el uno en el otro. Con amor te puedes fundir.
Si no tienes prisa por finalizar el acto, poco a poco el acto se vuelve menos y menos sexual, y más y más espiritual. Los órganos sexuales también se funden el uno en el otro. Se da una comu­nión profunda, silenciosa, entre dos energías cor­porales, y entonces podéis permanecer unidos du­rante horas seguidas. Esta unión se hace más y más profunda según pasa el tiempo. Pero no pien­ses. Permanece en el momento, profundamente fusionado. Se convierte en un éxtasis.
Los dos aman­tes, fundiéndose, se dan energía vital el uno al otro. Se vuelven un círculo, y su energía comienza a moverse en círculo. Se están dando vida el uno al otro, vida renovadora. No se pierde nada de energía. Antes bien, se gana más energía, porque mediante el contacto con el sexo opuesto, cada una de tus células es estimulada, excitada. Y si podéis fundiros en esa excitación sin llevarla a un clímax, si podéis permanecer en el principio sin acaloraros, podréis pro­longar el acto durante muchísimo tiempo. Sin eyaculación, sin tirar energía.
Durante el coito se logra la máxima expresión sexual entre dos personas que asumen la responsabilidad de su propio goce erótico, a la vez que comparten el estado de bienestar con su pareja y establecen una afectuosa comunicación libre y espontánea.
Comenzar con un afectuoso abrazo y mientas os acariciáis y besáis os vais desnudando el uno al otro, acariciándose suavemente las zonas sensuales, hablando, diciéndose palabras agradables y besándose.
Cuando la mujer comienza a sentir su excitación sexual y lubrificación vaginal, se tumbará y el hombre se coloca sobre ella. Con las piernas separadas, ella sostiene el pene entre sus manos y con él se va acariciando sus genitales, entre los labios vaginales, tocando el clítoris y poco a poco introduciendo el pene en su vagina.
Una vez acomodado el pene erecto dentro de la vagina, ambos empezaran a mover sus caderas de manera rítmica y sincronizada, hacia arriba y hacia abajo, facilitando el contacto genital. Primero lentamente, mientras se concentras en las sensaciones placenteras del pene moviéndose en la vagina. Ambos os vais tocando y acariciando todas las zonas sensuales del cuerpo, sin prisa, con suavidad, acompañados de tiernos o efusivos besos.
La mujer mientras sigue sintiendo el movimiento rítmico del pene en la vagina, se acariciará con la mano el clítoris, incrementando la presión a media que aumenta su excitación. El puede coger el pene con los dedos en forma de anillo, deslizándolo entre los dedos, sin sacarlo de la vagina, para así aumentas la propia estimulación.
Cuando sintáis la proximidad del orgasmo, sobre todo el hombre, cesareis en vuestro movimientos a fín de reducir la tensión sexual y dejar pasar la necesidad de la descarga orgásmica, si dejar de acariciarse o besarse pero sin movimientos coitales, hasta que se ha reducido la erección y antes de perderla totalmente, volvéis a seguir con los movimientos pélvicos, repitiendo el proceso hasta tres veces.
A la cuarta vez, cuando ella siente la proximidad del orgasmo lo potenciará tensando la musculatura vaginal, incrementando el movimiento rítmico de la pelvis y respirando con intensidad, Utilizando una respiración rápida y jadeante ambos pueden incrementar su excitación. Independientemente de quien llegue al orgasmo, acompañará al otro con besos y caricias mientras se autoestimula hasta conseguir su orgasmo.
Este proceso se puede realizar igualmente, estando tumbado el hombre de espaldas y la mujer montada encima de él, así a la hora de controlar la eyaculación, él le indicara con un toque acordado, que pare y si es necesario retirar el pene de la vagina, para presionar con los dedos sobre la base del glande o presionando en punto central de perineo, para ayudar a contener la necesidad eyaculatoria.

Mientras que recuperáis la relajación podéis dedicar unos minutos a comentar vuestras sensaciones y que pensamientos o imágenes han pasado por vuestras mentes. Cada uno escuchará al otro con empatía, poniéndose en su lugar para poderle entender, sin juzgar, criticar o evaluar. 

COITO CON MUTUA ESTIMACIÓN

Utiliza la visualización para elevar la conciencia del acto amoroso a un acto sagrado. Una forma de elevar tu amor sexual a un plano más alto es visualizar al ser amado como un dios o una diosa, alabar la divinidad que hay en el otro y experimentar lo sagrado del sexo. Al cultivar una imagen divina de tu amante aumentas dentro de tu corazón los sentimientos de reverencia, estima elevada, respeto profundo y humildad.

Cuando un dios y una diosa hacen el amor, la experiencia es exaltadora, y el juego de roles cósmicos también es divertido; ésta es una oportunidad de expresar aspectos distinto de vuestro ser. Podéis daos nombres inusuales, etéreos, vestíos con ropas sensuales, adornaos con complementos exóticos y utilizar iluminación y música para crear el ambiente ideal y dejar en libertad vuestra imaginación erótica.

JUEGOS PARA DESINHIBIRSE

Para redescubrir el sentido infantil de la diversión y la espontaneidad, tu pareja y tú podéis dedicar algún tiempo a jugar. Deshaceos de las cargas de la responsabilidad adulta cuando estéis a solas y liberad el cuerpo y la mente de las tensiones e inhibiciones que reprimen la vitalidad innata. Desnudaos y sed inocentes el uno con el otro, rodar juntos por el suelo sin preocuparos de nada en absoluto.
Haced el “animal” juntos, jugar a ser leones que se rugen mutuamente. Dejad que los sonidos primarios surjan desde lo más profundo de vuestro ser. Y luego os restregáis contra la piel del otro y os acurrucáis el uno contra el otro.
Tomaos el pelo, haceos cosquillas y luego frotaos las narices. Haced todas las tonterías que se os ocurran: haced muecas, sacad la lengua y revolcaos en una lucha juguetona. Olvidaos del mundo exterior y sumergíos completamente en el placer del juego. Haced una guerra de cojines y dejaos caer juntos en la cama.
Puesto que tu vida sexual y amorosa es suficientemente importante como para que les dediques tiempo y energía, experimenta con todas o algunas de estas sugerencias de actividades para hacer junto con tu amante. Esto te ayudará a mantener el sentido del humor y a no avergonzarte por cualquier sana observación acerca de ti mismo que algunas de estas sugerencias habrán de evocar. Por lo menos esto os dará algo de qué hablar ¡U os inspirará para crear vuestras propias diversiones:
·                   Respirando al unísono con lentitud y mirándoos a los ojos contemplad al otro como amor, energía o como el vacío.
·                   Asumid roles de juego vistiéndoos o no de acuerdo con sus personajes y haced el amor de acuerdo con estos papeles. Probad a intercambiar géneros.
·                   Venda los ojos de tu amante y hazle preguntas sexuales explícitas, o haz que explore tu cuerpo mientras tú le observas detenidamente.
·                   Vístete y desnúdate para que el otro te mire.
·                   Id juntos a dormir y poned la alarma del despertador a media noche. Tan pronto como suene, busca a tu amante y comienza a hacerle el amor.
·                   Durante el acto amoroso inventa nombres espontáneos para las partes eróticas del cuerpo de tu amante; pechos, boca, vagina, pene. Di estos nombres en voz alta; “quiero lamer tu shnukili, quiero mordisquearte el nipalikolop”.
·                   Con un rotulador verde dibuja un punto en el centro del pecho de tu amante o en el centro de su frente (el tercer ojo), o en cualquier otro sitio de su cuerpo. Concéntrate en esa marca mientras hacéis el amor.
·                   Imagina que tu cuerpo está hecho de piedra y es muy pesado, de manera que cada movimiento y cada gesto requieran de una gran concentración.
·                   Imagina que tu cuerpo es muy ligero y concéntrate en no salir volando.
·                   Bailad juntos, bailad uno para el otro, ¡bailad desnudos y celebradlo!
·                   Ponte un sombrero o alguna joya hermosa y ninguna ropa.
·                   Elige tus animales favoritos y haz el amor como esos animales.
·                   Mantén contacto visual con tu amante continuamente mientras hacéis el amor
·                   Utilizad una cámara digital para haceros fotos sensuales, o grabad en video vuestros juegos. El tomar fotos de las relaciones sexuales puede servir como recuerdo de los momentos felices, pudiendo realizarse con ellas todas las fantasías eróticas que se quiera y dejarlas registradas para siempre.
·                   Grabar en vídeo es un estímulo mucho mejor, recogiendo los mejores momentos y pasarlos como acompañamiento, pudiendo excitar extraordinariamente los buenos recuerdos bien y oportunamente escogidos.
·                   Las diapositivas tienen su mejor aplicación proyectando imágenes diversas (eróticas, flores, texturas, objetos, etc.), pudiéndose bailar, juguetear o hacer el amor dentro del cono de luz bañados por las imágenes y mirándose al mismo tiempo por medio de un espejo.     
·                   La próxima ocasión en que hagáis el amor, que uno de los dos no haga nada en absoluto. Que actué como un muñeco que no puede realizar movimientos voluntarios.
·                   Jugad a las peleas de almohadas y chillad hasta quedar exhaustos; luego haced el amor. Una actividad altamente satisfactoria durante los preliminares de la relación sexual es la lucha, bien sea jugando a darse cariñosos revolcones, o bien utilizando bastones de gomaespuma blanda y golpearse con ellos sin hacerse daño; entablando combates de matiz teatral, que facilitan el expresarse espontáneamente y descargar la propia agresividad. Cada vez se irán alternando los papeles de agresor y agredido, de vencedor y vencido.
·                   Escribe en un papel o en un correo electrónico algo que quisieras que tu amante hiciera y que no haya hecho nunca antes, quizás algo que sea un sueño o una fantasía tuya.
·                   Acostaos juntos con los ojos cerrados. Haced el amor mentalmente, sin contacto físico.
·                   Haced el amor como si fuera la primera vez para ambos, o la última.
·                   Rasuraos mutuamente el vello púbico de acuerdo a un diseño, o eliminándolo por completo.
·                   En alguna ocasión en que no quieras hacer el amor, hazlo. En alguna ocasión en que quieras hacer el amor, no lo hagas.
·                   Vestíos con las ropas del otro y después haced el amor jugando a ser el otro.
·                   Sentaos frente a frente con un plato con vuestros alimentos favoritos o con fruta. Actuad como si estuvieseis haciendo el amor, pero haciéndolo con la fruta, sin tocaros mutuamente.
·                   Desnudaos el uno al otro con las manos a la espalda.
·                   Utiliza un pincel limpio, suave y ancho para pintar el cuerpo de tu amante con algún material comestible.
·                   Si es posible, probad a dormir en una cama y hacer el amor en otra.
·                   Contaos una historia erótica relevándoos para inventar y contar cada trozo.
·                   Sorprende a tu amante de alguna forma inesperada.
·                   Desliza una nota sexy en el bolsillo o el monedero de tu amante.
·                   Comed juntos utilizando tan sólo las manos. Usad los dedos para alimentaros el uno al otro.
·                   Jugad al juego del espejo: Os plantáis uno frente al otro y uno debe actuar como espejo de lo que el otro haga, ya se trate de movimientos, sonidos, gestos, expresiones o actos físicos. Este juego os ayudará a superar vergüenzas. También os permitirá representar distintos papeles y expresar actitudes diferentes, lo cual genera intimidad y armonía, ¡y resulta divertido!
·                   Haced un ritual de vuestro acto amoroso. Preparad el espacio, untaos aceites, encended velas e incienso y honraos mutuamente como a dioses. Haced el amor como si fuera un acto de adoración mutua.
Utilizad los juegos para divertiros y explorar distintos aspectos de vuestra personalidad. Los juegos son una herramienta para dejar de lado las inhibiciones y ofrecer el amor que puedes dar

FORTALECIMIENTO DE LOS GENITALES

Fortalecimiento de los genitales masculinos
Es un masaje para eliminar las corazas del cuerpo y aumentar la sensibilidad del pene, desentumece los músculos pelvianos, proporcionándoles más movilidad para hacer el amor. Has de centrarte en los vínculos del pene y el escroto con la base pelviana y en la red de músculos de esta zona. El bloqueo de estos músculos impide la erección y el control de la eyaculación. La ternura y atención por parte de la pareja ayudarán a crear la intimidad necesaria entre ambos. Crear el entorno adecuado.
El hombre ha de acumular una carga de energía en el cuerpo antes de empezar el ejercicio. Es necesario utilizar mucho lubricante a base de sustancias naturales como el aceite de oliva o de almendras. Los tejidos que circundan el pene y el escroto son delicados y pueden irritarse con facilidad. La mujer ha de tener las uñas recortadas y limadas. La primera vez utilizaremos hora y media para el masaje y en otras ocasiones bastará con una hora. La mujer ha de apoyarle para que se relaje en el papel pasivo, manteniendo la mirada en la suya y dándole ánimos. Poner música suave. Empezar con una salutación sincera y un abrazo de fusión.
El hombre se tumba de espaldas, los pies apoyados en el suelo, las rodillas hacia arriba, los muslos abiertos. Ella se sentará con las piernas cruzadas ante los genitales de él y cogiéndolos entre ambas manos los  observara amorosamente como una parte especialmente delicada y digna de aprecio.
El hombre hará un “movimiento” pelviano y el bombeo del PC. Ella le animará a utilizar las tres claves (respiración, movimiento y sonido), así como a respirar hasta los genitales. Ella acariciará la parte delantera del cuerpo de él, relajando los músculos del cuello y cualquier otra rigidez del cuerpo antes de acercarse a la zona genital.
Los genitales se encuentran en una concavidad en forma de almendra situada entre el hueso púbico, delante, y los huesos de la región glútea, atrás. Están en contacto con estos huesos por medio de los músculos pelvianos, los cuales revigorizaréis con este masaje. Trabaja como un escultor, buscando las estrías entre el tejido muscular y los huesos, abriéndolas, curándolas, utilizando como cuña las puntas de los dedos y no las uñas. Con ambas manos, presionando el extremo del hueso, entre el escroto y los muslos. En este punto, él, hará girar muy lentamente los pies, a fin de facilitar un masaje más profundo en la estructura muscular. Hay que seguir el extremo del hueso, del pubis al perineo.
Para trabajar el perineo, hay que sugerir a él que use el bombeo del PC, nota al tacto cómo ascienden los músculos y el escroto. Mientras tanto, presiona el perineo. Respirar ambos profundamente. Al relajarse el hombre, se continua presionando, pero con menos intensidad. Repite la cadencia unas cuantas veces para revitalizar toda la zona. No hay que hacer presión en el escroto. El hombre agradecerá, que a la vez, se le estimule el pene, creándole un equilibrio entre el placer y la liberación de la tensión. En la base del pene, está un pequeño músculo denominado cuerpo esponjoso. Lo exploras y haces un masaje. Mientras él efectúa contracciones, bombeando el PC.
Pasa seguidamente al escroto y los testículos. Haz un masaje en los testículos, pellizcándolos con gran suavidad, describiendo círculos a su alrededor. Aquí sin utilizar lubricante, ya que has de asirlos con firmeza. Si aparece tensión o dolor, centra el masaje en la zona próxima, lentamente, respirando profundamente hasta que lo hayáis solucionado.
Ve convirtiendo el masaje en una suave caricia en toda la zona.
Otros mansajes para el pene:
Técnica de unción
Vierte un poco de aceite sobre el dorso de la mano izquierda, cuyos dedos deben estar bien cerrados. Coloca enseguida la mano derecha, con los dedos un poco separados, sobre el escroto y la parte inferior del pene. Abre los dedos de tu mano izquierda de manera que el aceite escurra entre los dedos. Alternando manos, esparce el aceite con un movimiento de tracción. Comenzando en el perineo, desliza tus manos hacia arriba por encima del escroto y a lo largo de la parte inferior del pene. Realiza movimientos largos y suaves, haciendo mayor presión en el perineo que en el escroto y el pene.
Técnica del exprimidor
Sostén el pene por su base con una mano. Si tu amante tiene prepucio, muévelo hacia atrás suavemente para exponer la cabeza de su pene. Coloca tu otra mano alrededor del cuello del pene (justo debajo de la cabeza) y utiliza las puntas de tus dedos como si exprimieras media naranja en un exprimidor mientras mueves hacia arriba y hacia abajo la otra mano. Varía la presión y velocidad y pregúntale a tu amante cuáles prefiere.
Técnica curativa
Lleva una mano hacia abajo, desde la punta de la cabeza del pene hasta la base; una vez ahí, suéltalo, mientras llevas la otra mano hasta la punta del pene y repites con ella el movimiento. Continúa en sucesión, creando una caricia constante.
Técnica de amasado
Con el pene descansando sobre el vientre, cubre el escroto con una mano. Haz resbalar la parte carnosa de la palma de la otra mano hacia arriba y hacia abajo del pene, llegando hasta la misma punta.
Técnica de espiral
Ésta es una buena técnica para cuando tu amante está flácido o si tiene dificultades para conseguir una erección. Sostén la base de su pene con una mano y tómalo firmemente con la otra. Comenzando en la base, desliza tu mano hasta la punta a lo largo de su cuerpo, utilizando un movimiento en espiral, como el de un sacacorchos. Al llegar a la cabeza, acaricia su superficie entera con la palma de la mano.
Fortalecimiento de los genitales femeninos
Para el hombre, este ejercicio es una oportunidad para relajar y purificar la vagina, para mostrarle su respeto, su atención y ternura, y para crear un profundo nivel de intimidad con la pareja. Para la mujer, es una oportunidad de conducir a la pareja a través de su zona más íntima y describirle exactamente qué siente y qué necesita. La revitalización de la vagina la lleva a cabo un hombre, aunque también lo puede hacer otra mujer.
Importancia de reír, tener una actitud lúdica. No te tomes las cosas demasiado a pecho. Los temores se pueden subsanar con el apoyo y ternura de ambos. Sintonizar mutuamente, mirando a los ojos a la pareja y mantener este contacto. Hacer ejercicios como danza, salto y los gritos para revitalizar la zona pelviana. Utiliza el movimiento, la respiración y la expresión oral mientras recibes el masaje. Es importante el “movimiento” pelviano y el bombeo del PC; a lo largo del ejercicio repite los movimientos de succión con la vagina y el ano. El ejercicio de la mariposa es útil para conseguir el punto de apertura y confianza en las sensaciones sexuales. Si aparecen temores o resistencias, realiza el diálogo pene-vagina como se describe en el ejercicio correspondiente.
Durante el masaje, cada uno tiene un papel concreto, El que da el masaje (el hombre, si es el caso), ha de actuar como guía y donante. Pero el que da el masaje no debe imponer su pauta sobre la sesión. Ha de escuchar y guiar de acuerdo con las sensaciones de quien lo recibe.
Hay que recortarse bien las uñas y limitar las asperezas que hayan podido quedar, para no dañar los tejidos de estas partes. Lavarse a conciencia las manos con agua y jabón, así como desinfectarse con alcohol cuando se haya finalizado la revigorización de la vagina. Hay que usar gran cantidad de lubricante en los masajes. Utiliza los solubles en agua, ya que los que contienen aceites obstruyen los poros.
Si el masaje se hace durante la menstruación se ha de utilizar guantes de látex. Si se realiza adecuadamente, combinado con la respiración lenta y una profunda relajación, este ejercicio puede suavizar los calambres premenstruales así como los síntomas de contracción y dolor.
Antes de empezar, se ha de ir al lavabo para vaciar la vejiga y los intestinos y posteriormente realizar una irrigación vaginal y anal. Utilizar agua filtrada con unas gotas de jugo de limón o tres gotas de esencia de aceite de lavanda pura (germicida natural no irritante).
Podéis crear un entorno adecuado alrededor de la receptora, con flores, cristales, objetos de valor personal o estético, plumas para hacer cosquillas, perfume, esencias y un cuenco lleno de agua en el que flote una flor roja. El ambiente de la habitación ha de estar caldeado. Sin límites de tiempo, puede durar una hora y media. Os podéis acompañar de una música suave con sugerencias sublímales positivas.
Empieza la mujer, en cuanto hayas acumulado una carga de energía suficiente en el cuerpo, realizar una salutación sincera y un abrazo de fusión. Te tumbas de espaldas, completamente desnudos, apoyándote sobre unos cuantos cojines mullidos, las rodillas hacia arriba, las piernas abiertas. Él se sienta o se arrodilla entre los muslos de ella y con las piernas cruzadas ante los genitales de ella y cubriéndolos entre ambas manos los  observara amorosamente como una parte especialmente delicada y digna de aprecio. Que sirva para controlar y disipar las tensiones que hayan podido mantener la puerta cerrada.
El empieza a hacer un masaje a la zona pelviana y parte interior de los muslos de ella, acercándose gradualmente a los labios vaginales. Has de lubricarte bien las manos y estimular ligeramente el clítoris. Estate atento a la respuesta de ella. A ver si está dispuesta a admitirte en su interior. Sabrás que ha llegado el momento cuando mueva la pelvis hacia delante, haga girar las caderas y emita sonidos de placer. Antes de introducir los dedos, le pedirás cariñosamente permiso para ello.
Ella, en este punto utilizará el bombeo del PC para vivir la sensación de succionar el dedo de él dentro de la vagina. Has de indicarle si quieres un dedo o dos. El no estimulará a ella a fin de que utilice las tres claves y el bombeo del PC para mantener una elevada carga de energía en el cuerpo.
Una vez en el interior, arquea el dedo como si hicieras un gesto para llamar la atención a alguien. Empieza presionando en el interior de la vagina, al fondo, detrás del surco del hueso púbico. Gira lentamente hacia la izquierda, y después lentamente hacia la derecha. Ve muy despacio, anímala a respirar, emitir sonidos, arquear la pelvis y bombear el PC mientras recibe el masaje.
Si ella nota dolor o tensión, el notará una especie de nódulo duro en el tejido o una sensación rugosa. Detén el masaje, deja reposar el dedo en el lugar preciso continuando la presión regular y respira al unísono con tu pareja. Cuando ceda la tensión, ambos notaréis una sensación de calor, incluso de ardor. Ésta puede durar entre uno y cuatro minutos. Hay que esperar a que remita para continuar.
Cuando él toque cualquiera de estas partes, ella puede sentir tristeza o rememorar momentos de agresión sexual, abortos, partos difíciles o relaciones sexuales insatisfactorias. Anímala a expresar estos sentimientos, a darles voz, como si reviviera la escena. Has de pedirle ayuda a ella en el proceso para saber cuándo debe detenerse y cuándo continuar. Ella te dará indicaciones como: “Por favor, quédate en este punto un poco más. Creo que no está solucionado... Muy bien, puedes continuar”.
Cuando se ha contorneado el primer anillo (la tira de tejido que está justo en la entrada de la vagina) puedes avanzar en profundidad, tocar la zona central del conducto vaginal. Repetir el movimiento con el dedo arqueado, presionando con la fuerza que pueda soportar ella, animándola a respirar profundamente durante todo el proceso.
Continua la presión hasta que ella note con claridad en qué parte de la vagina tiene situado el dedo, aunque evitando los movimientos bruscos o punzantes, es importante la lentitud y la firmeza. Él ayudará a ella a mantener abiertos los conductos de energía entre la vagina y el resto del cuerpo, acariciándole con la mano libre de la pelvis al corazón y la cabeza y soplando suavemente de la pelvis a la cara.
En este punto del masaje, puede alternarse la posición del dedo, de arqueado a recto. Presionando firmemente las paredes de la vagina, alrededor de ellas, con el dedo rígido, recto.
Al fondo de la vagina, notarás el suave tejido que separa a ésta del ano. A través de esta membrana, notarás el cóccix y el sacro. Presiona suave y profundamente estos dos huesos en un movimiento de zigzag con los dedos rígidos. Consulta a menudo si este movimiento es satisfactorio. Pídele que exprese la excitación, la irritación, el placer o el resentimiento que pueda asociar a esta zona.
En la parte de arriba y central del conducto vaginal, hallarás un tejido suave y esponjoso, la esponja de la uretra. También realiza el masaje en el punto G, una zona del tamaño de la punta del dedo. Este punto puede estar entre los dos y cinco centímetros hacia el interior de la abertura, en la parte superior (vientre) de la cámara vaginal. En general, el punto G no se nota con facilidad a no ser que ella se encuentre en estado de excitación, cosa poco probable en este punto. Pídele a ella que te guíe.
Al principio muchas mujeres no lo notan. Cuando lo empiezan a notar, pueden sentir una ardiente sensación o una urgencia de orinar, o de incomodarle el contacto del dedo. Si esto sucede, ambos respiraréis profundamente y os relajáis, sin moverse. Permanece en el mismo punto hasta que los tejidos se adapten y asuman la nueva sensación. Suele ser una zona donde se acumula dolor y tensión, cada vez que la mujer no experimenta el orgasmo pleno, se produce una especie de ansia y decepción que crea el bloqueo en estos tejidos determinados. Esta es la oportunidad para curar la herida, por lo que has de ser paciente y comunicaos lo que suceda. Él ayudará a ella a mantener la carga de energía durante esta delicada exploración, utilizando las tres claves (respiración, movimiento y sonido).
Cuando estéis a punto, pasa a la tercera y última zona: la parte más profunda de la vagina. Aquí también puedes localizar traumas relacionados con el dolor de un aborto, un parto difícil o una relación sexual forzada. Inmediatamente antes de llegar a la cerviz, encontrarás un espacio en forma de bóveda. Presiona el tejido con la parte interior del dedo, que mantendrás rígido, sin centrarte directamente en la cerviz sino en su alrededor. La presión dependerá de la respuesta de ella. Aquí se sitúa el ligamento muscular del hueso de la cadera.
Recuerda detenerte cada vez que ella experimente tensión. Cuanta más tensión note, más aguada será la sensación, el deseo repentino de orinar o de dejarlo porque están aflorando los temores. Pídele a ella que explique la sensación, si ve alguna imagen, una escena, u recuerdo, un color,... Que espire sobre el dedo. Se le apetece, que mueva la pelvis alrededor de éste. Si el dolor en esta zona es agudo, no hay que exigirle a ella que supere sus límites. Puede necesitar más sesiones para preparar la vagina, ya llegará el momento en que el contacto con el dedo constituya un placer cada vez más grande.
Cuando notéis que hay que acabar la sesión, mantén el dedo en la vagina y le propones que se proporcione a sí misma placer con el clítoris. Pudiendo aprovechar para descubrir la sensibilidad del punto G, y tener la posibilidad de un orgasmo mixto con el clítoris y el punto G.
Él ha de descubrir el ritmo adecuado y establecer contacto con el punto G. Cuando ella le confirme que lo ha conseguido, mantén el ritmo y el tipo de caricia. Contribuirá a excitarla, a darle confianza y tranquilidad a través del movimiento regular y rítmico. Al principio es fácil perder este punto. No os desaniméis ni impacientéis, mantener la comunicación abierta y sincera.
Cuando esté al borde del orgasmo, notarás la contracción rítmica de los músculos vaginales, seguida de un efecto de dilatación, al abrirse la parte superior de la vagina. Si el orgasmo es profundo, puedes experimentar una sensación gravitatoria, la impresión de que el útero y la cerviz presionan hacia abajo, en la vagina. Esto demuestra que está a punto de explorar nuevas cumbres de excitación, por tanto, ambos os sentiréis libres para continuar la estimulación si lo creéis conveniente.
El orgasmo femenino se compone de una serie de miniorgasmos y la mujer pude necesitar treinta minutos para conseguir un orgasmo pleno con profundas contracciones vaginales. Puede que se requiera más de una hora para alcanzar unos niveles más altos, orgasmos mixtos, como el del clítoris y vagina o vagina y útero. Para conseguirlo, has de animarla a conseguir cada vez más placer, pasando del clítoris a la vagina y de allí a todo el cuerpo.
El hombre ha de mantener el movimiento rítmico y el compás que necesite la mujer para obtener el placer. Al acabar la sesión, él preguntará a ella si está dispuesta a despedir sus dedos de la vagina. Si te pide que te quedes un rato más, mantén la mirada fija en ella, y luego retira los dedos con gran suavidad y te desinfectas las manos inmediatamente. Ella puede necesitar un rato de quietud y relajación para asimilar las nuevas sensaciones y descubrimientos. Pregúntale si desea algo de beber, cambiar de música, taparse el cuerpo o compañía para estar a su lado y abrazarla.
Otros masajes para la vagina:
Técnica de unción
Derrama lubricante, previamente caldeado, sobre la parte trasera de tu mano izquierda, manteniendo los dedos bien cerrados. Coloca rápidamente la palma de la mano derecha boca arriba debajo de su vagina y abre los dedos de la mano izquierda para permitir que el lubricante se derrame entre ellos. Alternando manos, unta el lubricante con un movimiento ascendente, dando caricias largas y lentas desde la parte inferior de la vagina, pasando por encima del clítoris y el hueso púbico, y bajando de nuevo.
Técnica de clítoris
Para aplicar esta técnica conviene que te sientes detrás de tu amante con la espalda pegada o apoyada contra una pared. Tu amante se sienta entre tus piernas con la espalda pegada a tu pecho. En esta posición la puedes rodear con los brazos y tocar sus pechos al tiempo que le acaricias la vagina, además de que puedes besar su cuello. Concéntrate en acariciar su clítoris y el área circundante que se encuentra justo debajo de la unión de los labios internos.
Un dedo lubricado que se desliza suave y rítmicamente alrededor del clítoris casi siempre le resultará placentero. Con el índice, o utilizando uno o dos dedos, masajea haciendo circulo s pequeños alrededor de su clítoris, gira varias veces en dirección de las manecillas del reloj y detente en cada una de las doce «horas».
Técnicas de labios
Acaricia su vello púbico y área genital con movimientos suaves. Utiliza las yemas de tus dedos para acariciar y golpetear suavemente sus labios externos, manteniendo un ritmo regular y constante. Sentado entre sus muslos abiertos, masajea los labios de su vagina con los dedos lubricados y tira de ellos despacio o estíralos en dirección opuesta a su vagina. Pellizca sus labios con pulgar e índice y luego frótalos juntos con suavidad.
Tira suavemente de sus labios externos hacia atrás y hacía delante con los nudillos de tus dedos índice y medio o con los dedos índice y pulgar. Masajea hacia abajo comenzando desde arriba, donde el clítoris se junta con los labios, y mueve los labios entre tus nudillos, con una presión firme y suave, hacía su ano. Después, con el pulgar a un lado de un labio y el índice al otro lado, aprieta muy suave y desliza los dedos hasta salir del límite del labio. Alterna manos y continúa con esta serie de caricias a lo largo de la totalidad de cada labio.
Penetrar las puertas del templo
Para algunas mujeres los orgasmos de clítoris son más placenteros si sus vaginas son penetradas, ya sea con los dedos o con un consolador del tamaño apropiado: aunque la penetración de cualquier tipo sólo es agradable cuando la mujer se encuentra en estado de excitación.
Pídele permiso antes de entrar en las puertas del templo de su vagina. Utiliza mucha lubricación y hazle cosquillas con un dedo, tan ligero como sea posible, en la apertura vaginal. Haz que aumente su deseo. Al penetrar las puertas del templo, pon una mano sobre su abdomen o corazón e inserta muy despacio el dedo índice de tu otra mano en su vagina. Mantente quieto, sin moverte. Permanece así. Después, desliza el dedo muy despacio adentro y afuera. Si ella lo desea, añade también tu dedo medio.
Caricias del punto G
Masajear el punto G de tu amante puede ser muy excitante para ella. Un movimiento acariciador suave, similar al que se hace para llamar a una persona, a menudo resulta mucho más placentero que el mero presionar con fuerza y constancia. Recuerda que son las yemas de tus dedos las que deben tocar el punto durante las caricias del masaje y que la estimulación del punto G sólo es placentera cuando la mujer está excitada.
Una forma fácil de estimular el punto G es unir y lubricar índice y dedo medio. Haz movimientos de «ven aquí» dentro de su vagina. Como alternativa, frota el punto G en círculos. Otra aproximación consiste en rotar tus dedos dentro de su vagina, ejerciendo una presión uniforme sobre todas sus áreas.

Mientras estimulas su punto G, aplica presión y haz movimientos circulares en ambas direcciones. De manera simultánea, utiliza tu pulgar para hacer pequeños círculos sobre el clítoris o mueve los dedos hacia delante y hacia atrás encima de éste. A continuación alterna entre la estimulación del punto G y la estimulación del clítoris, diez segundos en cada uno. Puedes sugerirle que al mismo tiempo contraiga y relaje su músculo PC.