Consulta de psicología y sexología

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viernes, 7 de marzo de 2014

FORTALECIMIENTO DE LOS GENITALES

Fortalecimiento de los genitales masculinos
Es un masaje para eliminar las corazas del cuerpo y aumentar la sensibilidad del pene, desentumece los músculos pelvianos, proporcionándoles más movilidad para hacer el amor. Has de centrarte en los vínculos del pene y el escroto con la base pelviana y en la red de músculos de esta zona. El bloqueo de estos músculos impide la erección y el control de la eyaculación. La ternura y atención por parte de la pareja ayudarán a crear la intimidad necesaria entre ambos. Crear el entorno adecuado.
El hombre ha de acumular una carga de energía en el cuerpo antes de empezar el ejercicio. Es necesario utilizar mucho lubricante a base de sustancias naturales como el aceite de oliva o de almendras. Los tejidos que circundan el pene y el escroto son delicados y pueden irritarse con facilidad. La mujer ha de tener las uñas recortadas y limadas. La primera vez utilizaremos hora y media para el masaje y en otras ocasiones bastará con una hora. La mujer ha de apoyarle para que se relaje en el papel pasivo, manteniendo la mirada en la suya y dándole ánimos. Poner música suave. Empezar con una salutación sincera y un abrazo de fusión.
El hombre se tumba de espaldas, los pies apoyados en el suelo, las rodillas hacia arriba, los muslos abiertos. Ella se sentará con las piernas cruzadas ante los genitales de él y cogiéndolos entre ambas manos los  observara amorosamente como una parte especialmente delicada y digna de aprecio.
El hombre hará un “movimiento” pelviano y el bombeo del PC. Ella le animará a utilizar las tres claves (respiración, movimiento y sonido), así como a respirar hasta los genitales. Ella acariciará la parte delantera del cuerpo de él, relajando los músculos del cuello y cualquier otra rigidez del cuerpo antes de acercarse a la zona genital.
Los genitales se encuentran en una concavidad en forma de almendra situada entre el hueso púbico, delante, y los huesos de la región glútea, atrás. Están en contacto con estos huesos por medio de los músculos pelvianos, los cuales revigorizaréis con este masaje. Trabaja como un escultor, buscando las estrías entre el tejido muscular y los huesos, abriéndolas, curándolas, utilizando como cuña las puntas de los dedos y no las uñas. Con ambas manos, presionando el extremo del hueso, entre el escroto y los muslos. En este punto, él, hará girar muy lentamente los pies, a fin de facilitar un masaje más profundo en la estructura muscular. Hay que seguir el extremo del hueso, del pubis al perineo.
Para trabajar el perineo, hay que sugerir a él que use el bombeo del PC, nota al tacto cómo ascienden los músculos y el escroto. Mientras tanto, presiona el perineo. Respirar ambos profundamente. Al relajarse el hombre, se continua presionando, pero con menos intensidad. Repite la cadencia unas cuantas veces para revitalizar toda la zona. No hay que hacer presión en el escroto. El hombre agradecerá, que a la vez, se le estimule el pene, creándole un equilibrio entre el placer y la liberación de la tensión. En la base del pene, está un pequeño músculo denominado cuerpo esponjoso. Lo exploras y haces un masaje. Mientras él efectúa contracciones, bombeando el PC.
Pasa seguidamente al escroto y los testículos. Haz un masaje en los testículos, pellizcándolos con gran suavidad, describiendo círculos a su alrededor. Aquí sin utilizar lubricante, ya que has de asirlos con firmeza. Si aparece tensión o dolor, centra el masaje en la zona próxima, lentamente, respirando profundamente hasta que lo hayáis solucionado.
Ve convirtiendo el masaje en una suave caricia en toda la zona.
Otros mansajes para el pene:
Técnica de unción
Vierte un poco de aceite sobre el dorso de la mano izquierda, cuyos dedos deben estar bien cerrados. Coloca enseguida la mano derecha, con los dedos un poco separados, sobre el escroto y la parte inferior del pene. Abre los dedos de tu mano izquierda de manera que el aceite escurra entre los dedos. Alternando manos, esparce el aceite con un movimiento de tracción. Comenzando en el perineo, desliza tus manos hacia arriba por encima del escroto y a lo largo de la parte inferior del pene. Realiza movimientos largos y suaves, haciendo mayor presión en el perineo que en el escroto y el pene.
Técnica del exprimidor
Sostén el pene por su base con una mano. Si tu amante tiene prepucio, muévelo hacia atrás suavemente para exponer la cabeza de su pene. Coloca tu otra mano alrededor del cuello del pene (justo debajo de la cabeza) y utiliza las puntas de tus dedos como si exprimieras media naranja en un exprimidor mientras mueves hacia arriba y hacia abajo la otra mano. Varía la presión y velocidad y pregúntale a tu amante cuáles prefiere.
Técnica curativa
Lleva una mano hacia abajo, desde la punta de la cabeza del pene hasta la base; una vez ahí, suéltalo, mientras llevas la otra mano hasta la punta del pene y repites con ella el movimiento. Continúa en sucesión, creando una caricia constante.
Técnica de amasado
Con el pene descansando sobre el vientre, cubre el escroto con una mano. Haz resbalar la parte carnosa de la palma de la otra mano hacia arriba y hacia abajo del pene, llegando hasta la misma punta.
Técnica de espiral
Ésta es una buena técnica para cuando tu amante está flácido o si tiene dificultades para conseguir una erección. Sostén la base de su pene con una mano y tómalo firmemente con la otra. Comenzando en la base, desliza tu mano hasta la punta a lo largo de su cuerpo, utilizando un movimiento en espiral, como el de un sacacorchos. Al llegar a la cabeza, acaricia su superficie entera con la palma de la mano.
Fortalecimiento de los genitales femeninos
Para el hombre, este ejercicio es una oportunidad para relajar y purificar la vagina, para mostrarle su respeto, su atención y ternura, y para crear un profundo nivel de intimidad con la pareja. Para la mujer, es una oportunidad de conducir a la pareja a través de su zona más íntima y describirle exactamente qué siente y qué necesita. La revitalización de la vagina la lleva a cabo un hombre, aunque también lo puede hacer otra mujer.
Importancia de reír, tener una actitud lúdica. No te tomes las cosas demasiado a pecho. Los temores se pueden subsanar con el apoyo y ternura de ambos. Sintonizar mutuamente, mirando a los ojos a la pareja y mantener este contacto. Hacer ejercicios como danza, salto y los gritos para revitalizar la zona pelviana. Utiliza el movimiento, la respiración y la expresión oral mientras recibes el masaje. Es importante el “movimiento” pelviano y el bombeo del PC; a lo largo del ejercicio repite los movimientos de succión con la vagina y el ano. El ejercicio de la mariposa es útil para conseguir el punto de apertura y confianza en las sensaciones sexuales. Si aparecen temores o resistencias, realiza el diálogo pene-vagina como se describe en el ejercicio correspondiente.
Durante el masaje, cada uno tiene un papel concreto, El que da el masaje (el hombre, si es el caso), ha de actuar como guía y donante. Pero el que da el masaje no debe imponer su pauta sobre la sesión. Ha de escuchar y guiar de acuerdo con las sensaciones de quien lo recibe.
Hay que recortarse bien las uñas y limitar las asperezas que hayan podido quedar, para no dañar los tejidos de estas partes. Lavarse a conciencia las manos con agua y jabón, así como desinfectarse con alcohol cuando se haya finalizado la revigorización de la vagina. Hay que usar gran cantidad de lubricante en los masajes. Utiliza los solubles en agua, ya que los que contienen aceites obstruyen los poros.
Si el masaje se hace durante la menstruación se ha de utilizar guantes de látex. Si se realiza adecuadamente, combinado con la respiración lenta y una profunda relajación, este ejercicio puede suavizar los calambres premenstruales así como los síntomas de contracción y dolor.
Antes de empezar, se ha de ir al lavabo para vaciar la vejiga y los intestinos y posteriormente realizar una irrigación vaginal y anal. Utilizar agua filtrada con unas gotas de jugo de limón o tres gotas de esencia de aceite de lavanda pura (germicida natural no irritante).
Podéis crear un entorno adecuado alrededor de la receptora, con flores, cristales, objetos de valor personal o estético, plumas para hacer cosquillas, perfume, esencias y un cuenco lleno de agua en el que flote una flor roja. El ambiente de la habitación ha de estar caldeado. Sin límites de tiempo, puede durar una hora y media. Os podéis acompañar de una música suave con sugerencias sublímales positivas.
Empieza la mujer, en cuanto hayas acumulado una carga de energía suficiente en el cuerpo, realizar una salutación sincera y un abrazo de fusión. Te tumbas de espaldas, completamente desnudos, apoyándote sobre unos cuantos cojines mullidos, las rodillas hacia arriba, las piernas abiertas. Él se sienta o se arrodilla entre los muslos de ella y con las piernas cruzadas ante los genitales de ella y cubriéndolos entre ambas manos los  observara amorosamente como una parte especialmente delicada y digna de aprecio. Que sirva para controlar y disipar las tensiones que hayan podido mantener la puerta cerrada.
El empieza a hacer un masaje a la zona pelviana y parte interior de los muslos de ella, acercándose gradualmente a los labios vaginales. Has de lubricarte bien las manos y estimular ligeramente el clítoris. Estate atento a la respuesta de ella. A ver si está dispuesta a admitirte en su interior. Sabrás que ha llegado el momento cuando mueva la pelvis hacia delante, haga girar las caderas y emita sonidos de placer. Antes de introducir los dedos, le pedirás cariñosamente permiso para ello.
Ella, en este punto utilizará el bombeo del PC para vivir la sensación de succionar el dedo de él dentro de la vagina. Has de indicarle si quieres un dedo o dos. El no estimulará a ella a fin de que utilice las tres claves y el bombeo del PC para mantener una elevada carga de energía en el cuerpo.
Una vez en el interior, arquea el dedo como si hicieras un gesto para llamar la atención a alguien. Empieza presionando en el interior de la vagina, al fondo, detrás del surco del hueso púbico. Gira lentamente hacia la izquierda, y después lentamente hacia la derecha. Ve muy despacio, anímala a respirar, emitir sonidos, arquear la pelvis y bombear el PC mientras recibe el masaje.
Si ella nota dolor o tensión, el notará una especie de nódulo duro en el tejido o una sensación rugosa. Detén el masaje, deja reposar el dedo en el lugar preciso continuando la presión regular y respira al unísono con tu pareja. Cuando ceda la tensión, ambos notaréis una sensación de calor, incluso de ardor. Ésta puede durar entre uno y cuatro minutos. Hay que esperar a que remita para continuar.
Cuando él toque cualquiera de estas partes, ella puede sentir tristeza o rememorar momentos de agresión sexual, abortos, partos difíciles o relaciones sexuales insatisfactorias. Anímala a expresar estos sentimientos, a darles voz, como si reviviera la escena. Has de pedirle ayuda a ella en el proceso para saber cuándo debe detenerse y cuándo continuar. Ella te dará indicaciones como: “Por favor, quédate en este punto un poco más. Creo que no está solucionado... Muy bien, puedes continuar”.
Cuando se ha contorneado el primer anillo (la tira de tejido que está justo en la entrada de la vagina) puedes avanzar en profundidad, tocar la zona central del conducto vaginal. Repetir el movimiento con el dedo arqueado, presionando con la fuerza que pueda soportar ella, animándola a respirar profundamente durante todo el proceso.
Continua la presión hasta que ella note con claridad en qué parte de la vagina tiene situado el dedo, aunque evitando los movimientos bruscos o punzantes, es importante la lentitud y la firmeza. Él ayudará a ella a mantener abiertos los conductos de energía entre la vagina y el resto del cuerpo, acariciándole con la mano libre de la pelvis al corazón y la cabeza y soplando suavemente de la pelvis a la cara.
En este punto del masaje, puede alternarse la posición del dedo, de arqueado a recto. Presionando firmemente las paredes de la vagina, alrededor de ellas, con el dedo rígido, recto.
Al fondo de la vagina, notarás el suave tejido que separa a ésta del ano. A través de esta membrana, notarás el cóccix y el sacro. Presiona suave y profundamente estos dos huesos en un movimiento de zigzag con los dedos rígidos. Consulta a menudo si este movimiento es satisfactorio. Pídele que exprese la excitación, la irritación, el placer o el resentimiento que pueda asociar a esta zona.
En la parte de arriba y central del conducto vaginal, hallarás un tejido suave y esponjoso, la esponja de la uretra. También realiza el masaje en el punto G, una zona del tamaño de la punta del dedo. Este punto puede estar entre los dos y cinco centímetros hacia el interior de la abertura, en la parte superior (vientre) de la cámara vaginal. En general, el punto G no se nota con facilidad a no ser que ella se encuentre en estado de excitación, cosa poco probable en este punto. Pídele a ella que te guíe.
Al principio muchas mujeres no lo notan. Cuando lo empiezan a notar, pueden sentir una ardiente sensación o una urgencia de orinar, o de incomodarle el contacto del dedo. Si esto sucede, ambos respiraréis profundamente y os relajáis, sin moverse. Permanece en el mismo punto hasta que los tejidos se adapten y asuman la nueva sensación. Suele ser una zona donde se acumula dolor y tensión, cada vez que la mujer no experimenta el orgasmo pleno, se produce una especie de ansia y decepción que crea el bloqueo en estos tejidos determinados. Esta es la oportunidad para curar la herida, por lo que has de ser paciente y comunicaos lo que suceda. Él ayudará a ella a mantener la carga de energía durante esta delicada exploración, utilizando las tres claves (respiración, movimiento y sonido).
Cuando estéis a punto, pasa a la tercera y última zona: la parte más profunda de la vagina. Aquí también puedes localizar traumas relacionados con el dolor de un aborto, un parto difícil o una relación sexual forzada. Inmediatamente antes de llegar a la cerviz, encontrarás un espacio en forma de bóveda. Presiona el tejido con la parte interior del dedo, que mantendrás rígido, sin centrarte directamente en la cerviz sino en su alrededor. La presión dependerá de la respuesta de ella. Aquí se sitúa el ligamento muscular del hueso de la cadera.
Recuerda detenerte cada vez que ella experimente tensión. Cuanta más tensión note, más aguada será la sensación, el deseo repentino de orinar o de dejarlo porque están aflorando los temores. Pídele a ella que explique la sensación, si ve alguna imagen, una escena, u recuerdo, un color,... Que espire sobre el dedo. Se le apetece, que mueva la pelvis alrededor de éste. Si el dolor en esta zona es agudo, no hay que exigirle a ella que supere sus límites. Puede necesitar más sesiones para preparar la vagina, ya llegará el momento en que el contacto con el dedo constituya un placer cada vez más grande.
Cuando notéis que hay que acabar la sesión, mantén el dedo en la vagina y le propones que se proporcione a sí misma placer con el clítoris. Pudiendo aprovechar para descubrir la sensibilidad del punto G, y tener la posibilidad de un orgasmo mixto con el clítoris y el punto G.
Él ha de descubrir el ritmo adecuado y establecer contacto con el punto G. Cuando ella le confirme que lo ha conseguido, mantén el ritmo y el tipo de caricia. Contribuirá a excitarla, a darle confianza y tranquilidad a través del movimiento regular y rítmico. Al principio es fácil perder este punto. No os desaniméis ni impacientéis, mantener la comunicación abierta y sincera.
Cuando esté al borde del orgasmo, notarás la contracción rítmica de los músculos vaginales, seguida de un efecto de dilatación, al abrirse la parte superior de la vagina. Si el orgasmo es profundo, puedes experimentar una sensación gravitatoria, la impresión de que el útero y la cerviz presionan hacia abajo, en la vagina. Esto demuestra que está a punto de explorar nuevas cumbres de excitación, por tanto, ambos os sentiréis libres para continuar la estimulación si lo creéis conveniente.
El orgasmo femenino se compone de una serie de miniorgasmos y la mujer pude necesitar treinta minutos para conseguir un orgasmo pleno con profundas contracciones vaginales. Puede que se requiera más de una hora para alcanzar unos niveles más altos, orgasmos mixtos, como el del clítoris y vagina o vagina y útero. Para conseguirlo, has de animarla a conseguir cada vez más placer, pasando del clítoris a la vagina y de allí a todo el cuerpo.
El hombre ha de mantener el movimiento rítmico y el compás que necesite la mujer para obtener el placer. Al acabar la sesión, él preguntará a ella si está dispuesta a despedir sus dedos de la vagina. Si te pide que te quedes un rato más, mantén la mirada fija en ella, y luego retira los dedos con gran suavidad y te desinfectas las manos inmediatamente. Ella puede necesitar un rato de quietud y relajación para asimilar las nuevas sensaciones y descubrimientos. Pregúntale si desea algo de beber, cambiar de música, taparse el cuerpo o compañía para estar a su lado y abrazarla.
Otros masajes para la vagina:
Técnica de unción
Derrama lubricante, previamente caldeado, sobre la parte trasera de tu mano izquierda, manteniendo los dedos bien cerrados. Coloca rápidamente la palma de la mano derecha boca arriba debajo de su vagina y abre los dedos de la mano izquierda para permitir que el lubricante se derrame entre ellos. Alternando manos, unta el lubricante con un movimiento ascendente, dando caricias largas y lentas desde la parte inferior de la vagina, pasando por encima del clítoris y el hueso púbico, y bajando de nuevo.
Técnica de clítoris
Para aplicar esta técnica conviene que te sientes detrás de tu amante con la espalda pegada o apoyada contra una pared. Tu amante se sienta entre tus piernas con la espalda pegada a tu pecho. En esta posición la puedes rodear con los brazos y tocar sus pechos al tiempo que le acaricias la vagina, además de que puedes besar su cuello. Concéntrate en acariciar su clítoris y el área circundante que se encuentra justo debajo de la unión de los labios internos.
Un dedo lubricado que se desliza suave y rítmicamente alrededor del clítoris casi siempre le resultará placentero. Con el índice, o utilizando uno o dos dedos, masajea haciendo circulo s pequeños alrededor de su clítoris, gira varias veces en dirección de las manecillas del reloj y detente en cada una de las doce «horas».
Técnicas de labios
Acaricia su vello púbico y área genital con movimientos suaves. Utiliza las yemas de tus dedos para acariciar y golpetear suavemente sus labios externos, manteniendo un ritmo regular y constante. Sentado entre sus muslos abiertos, masajea los labios de su vagina con los dedos lubricados y tira de ellos despacio o estíralos en dirección opuesta a su vagina. Pellizca sus labios con pulgar e índice y luego frótalos juntos con suavidad.
Tira suavemente de sus labios externos hacia atrás y hacía delante con los nudillos de tus dedos índice y medio o con los dedos índice y pulgar. Masajea hacia abajo comenzando desde arriba, donde el clítoris se junta con los labios, y mueve los labios entre tus nudillos, con una presión firme y suave, hacía su ano. Después, con el pulgar a un lado de un labio y el índice al otro lado, aprieta muy suave y desliza los dedos hasta salir del límite del labio. Alterna manos y continúa con esta serie de caricias a lo largo de la totalidad de cada labio.
Penetrar las puertas del templo
Para algunas mujeres los orgasmos de clítoris son más placenteros si sus vaginas son penetradas, ya sea con los dedos o con un consolador del tamaño apropiado: aunque la penetración de cualquier tipo sólo es agradable cuando la mujer se encuentra en estado de excitación.
Pídele permiso antes de entrar en las puertas del templo de su vagina. Utiliza mucha lubricación y hazle cosquillas con un dedo, tan ligero como sea posible, en la apertura vaginal. Haz que aumente su deseo. Al penetrar las puertas del templo, pon una mano sobre su abdomen o corazón e inserta muy despacio el dedo índice de tu otra mano en su vagina. Mantente quieto, sin moverte. Permanece así. Después, desliza el dedo muy despacio adentro y afuera. Si ella lo desea, añade también tu dedo medio.
Caricias del punto G
Masajear el punto G de tu amante puede ser muy excitante para ella. Un movimiento acariciador suave, similar al que se hace para llamar a una persona, a menudo resulta mucho más placentero que el mero presionar con fuerza y constancia. Recuerda que son las yemas de tus dedos las que deben tocar el punto durante las caricias del masaje y que la estimulación del punto G sólo es placentera cuando la mujer está excitada.
Una forma fácil de estimular el punto G es unir y lubricar índice y dedo medio. Haz movimientos de «ven aquí» dentro de su vagina. Como alternativa, frota el punto G en círculos. Otra aproximación consiste en rotar tus dedos dentro de su vagina, ejerciendo una presión uniforme sobre todas sus áreas.

Mientras estimulas su punto G, aplica presión y haz movimientos circulares en ambas direcciones. De manera simultánea, utiliza tu pulgar para hacer pequeños círculos sobre el clítoris o mueve los dedos hacia delante y hacia atrás encima de éste. A continuación alterna entre la estimulación del punto G y la estimulación del clítoris, diez segundos en cada uno. Puedes sugerirle que al mismo tiempo contraiga y relaje su músculo PC.

RELAJACION EN ACOPLAMIENTO

En este ejercicio aprenderás junto a tu pareja a relajarte profundamente y a extender la energía sexual a través de ambos cuerpos. Cuando las parejas se relajan juntas profundamente, entre sus campos de energía tiene lugar un efecto de resonancia que proporciona una profunda revitalización a ambos, pudiendo disfrutar de un largo orgasmo a nivel de todo el cuerpo.
Escoge un lugar cómodo y suave para tenderte junto a tu pareja. Pon música suave, relajante. Ha de durar unos veinte o treinta minutos. Comenzar con una salutación sincera.
Tumbaos en cualquiera de las siguientes posiciones:
Tumbados ambos sobre el lado derecho, en la “posición cuchara”, la espalda de uno toca el torso del otro. Utilizar almohadas debajo del cuello de cada uno para evitar la tensión muscular. Acoplaos hasta sentíos cómodos. En esta posición la pelvis puede moverse con libertad y ambos os podéis mover de forma independiente. La pelvis se puede mover hacia atrás y hacia delante siguiendo la respiración. Pudiendo conseguir un ritmo en común con el otro.
El miembro más ligero se situará encima del más fuerte. Utiliza una almohada para que el que está encima pueda apoyar su cabeza. El que está encima puede que se inquiete pensando que pesa demasiado, pero realmente no suele resultar molesto. Cuanto más se relaja más ligero resulta para el otro. Sólo se siente el peso cuando intenta aguantar y se pone tenso. Si ambos estáis acostumbrados a otra postura cuando estáis tumbados relajándoos, podéis adoptarla. Intentando que la mayor parte del cuerpo esté en contacto con el otro.
Cuando hayáis encontrado la posición adecuada, imagina que todas las tensiones o temores se expulsan a través de la respiración. Ten en cuenta otros detalles como la calidez del otro, la suavidad de su piel, la curvatura del hombro, la tierna sensación de protección, la caricia sensual de una mano en la espalda.
Al espirar libera los sentimientos no expresados, los resentimientos y preocupaciones. Sin que queden decepción, disgusto, previsiones. Simplemente ten el corazón abierto. Nota la tranquilidad, la calma. Cada vez que espiras te sientes más ligero. Resulta una sensación deliciosa de confianza que te proporciona el simple hecho de estar tendidos y dejar entrar al otro. Al relajarte, entras en el dominio de las sensaciones. Deja que la música fluya en el interior del pecho al inspirar. Que te llene el pecho, toda la espalda, el cuello y la garganta. Relaja la cara, especialmente los músculos próximos a los ojos y la boca. La lengua ha de flotar dentro de la boca sin tocar la cavidad. Notarás que se amplía el espacio interior de la cabeza.
Al espirar, libera toda necesidad de pensar y analizar. Siente que el espíritu se ensancha y se dilata. A medida que la música penetra en todo el cuerpo, de los pies a la cabeza, imagina que flotas en sus notas.
Cuanto más sensible y transparente consigas ser, notarás con más intensidad la ausencia de forma, entrarás en una nueva realidad en la cual hacer y no hacer son una misma cosa, donde la suavidad y la sutilidad son expresión de tu delicadeza y vulnerabilidad. Deja que se vayan relajando cada vez más profundamente cada parte del cuerpo, como si cada vez que espiraras te soltaras en el aire, sabiendo que se te abrirá el paracaídas. Puedes soltarte, te sientes seguro, y cuanto más te relajas más te irás compenetrando con el otro.
Al notar la conexión entre la temperatura corporal de ambos, la corriente de energía y los latidos del corazón, empezarán a disiparse y fundirse los límites entre ambos cuerpos. Esto suele ocurrir en un periodo de unos 15 o 20 minutos, o bien en media hora.
Podéis armonizar plenamente el ritmo respiratorio, inspirando y espirando al unísono sin esfuerzo. También podéis hacerlo a la inversa, cuando uno espira, el otro inspira. Intenta sintonizar con otras dimensiones que te gustaría compartir con este ser. Recibe el corazón del otro profunda y abiertamente. Conectar las mentes, flotar juntos hacia los desconocidos dominios del éxtasis. Si notas que esto ocurre en tu corazón, estas avanzando considerablemente en el sexo sublime.
Si notas que estas en una postura incómoda, no dudes en cambiarla. Pero haciendo cualquier movimiento lenta y suavemente.
Cuando hayáis explorado la relajación en conexión juntos y sin esfuerzo, la puedes integrar en los juegos amorosos.
Unid el pene y la vagina en una atmósfera apacible, relajada y curativa de tranquilidad, intimidad, respeto y amor. El hombre penetra la vagina con el pene relativamente blando. Quedaos quietos y relajados. Con suavidad, dirigid la respiración hacia la zona genital. Prolongad este ritual hasta que deje de resultaros cómodo y realizadlo siempre que busquéis una comunión profunda sin penetración activa. Este ejercicio es útil para cuando estás cansado para una relación sexual, y te sientes cariñoso y desearías confluir. Te enseña a incorporar al acto amoroso sentimientos de confianza y unión y fusión.
La conexión sexual es relajante y revitalizadora, importante para mejorar las relaciones conyugales, para disminuir el insomnio, la hipertensión, la irritabilidad, las úlceras y otras enfermedades. Esto se debe al efecto terapéutico de las corrientes de energía bioeléctrica que la pareja estimula mutuamente en sus cuerpos. Cuando la pareja ha estado ente 20 y 30 minutos tumbados juntos, las dos corrientes se unen y crean un campo de energía único. Las emociones negativas como el temor, la irritación y el resentimiento bloquean este flujo.
Dedica entre 30 minutos y un tiempo indefinido. Pon música suave, sensual. Comenzar besándoos y acariciándoos suavemente, notando cómo las sensaciones eróticas están a flor de piel tras los ejercicios anteriores, por la carga energética que habéis creado. Al haber excitado la energía, los besos y caricias suaves te ayudarán a extenderla a través de todo el cuerpo.
Al principio, la energía estimulada es posible que fluya hacia los genitales, Si esto se produce y notas que la tensión sexual es demasiado intensa, interrumpe los besos y caricias, permanecer inmóviles y os relajáis en el fluir de las sensaciones internas que habéis creado en el periodo de excitación. Deja que la energía fluya por todo el cuerpo al relajarte en ella, centrando la respiración en ella. Cuando notes que la energía se ha extendido os uniréis sexualmente en una postura cómoda que os permita estar relajados. Una de las mejores posturas es la de “tijeras”, con el hombre tumbado sobre el lado derecho.
No hace falta que el hombre tenga una erección ni que penetre completamente en la vagina. Es suficiente con introducir la mitad del pene. Que sea una penetración suave sin ser apremiante. Sintiéndolo como una penetración mutua, en una fusión física y emocional, mental y espiritual. Después continuar respirando y relajándoos juntos, extendiendo la ola de excitación que habrá acompañado a la penetración.
Inspira, concentrándote en los genitales, el ano y la pelvis. Espira profundamente, relajando la pelvis, las nalgas y los músculos próximos a los genitales y al ano. Al inspirar, nota cómo fluye en tu centro sexual la energía del otro. La música te ayudará a sentir esta sensación de fluidez. Al espirar, nota que las sensaciones de incomodidad, ansia, dolor o tensión (en genitales externos e internos) desparecen del cuerpo. Deja que se relajen estas zonas y que se abran como las flores bajo el sol matutino.
Puedes practicar el bombeo del PC para realzar el contacto de las paredes vaginales con el pene e intensificar la excitación mutua. Entrégate a la calidez y el hormigueo que experimentas en este estadio. Fúndete en él y conseguirás que irradie hacia tu pareja. Al relajarte es estas sensaciones, nota que se unen los corazones, se aúna la respiración. Explora esta forma sutil e interna de hacer el amor en que la excitación erótica se genera por medio de pequeños movimientos realizados por los músculos genitales internos de la mujer y los sutiles cambios en la respiración y no en el bombeo dinámico del acto amoroso corriente.
Cuando veas la necesidad de conseguir más estimulación, regresa a un movimiento más enérgico y a la fricción entre los genitales, pero en lugar de ascender hacia el orgasmo, te relajas de nuevo en plena excitación y notarás el aumento de la corriente de energía por todo el cuerpo: en el corazón y en la cabeza al igual que en la pelvis y los genitales. Procede de la misma forma que en la relajación en conexión, relajándoos, uniéndoos, fusionándoos, pasando a ser un solo cuerpo, dejando que las energías dancen su propio ritmo.
Al cabo de 20 ó 30 minutos, ambos cuerpos empezarán a vibrar de forma espontánea. Aceptar estas vibraciones, las favoreceréis, dejando que dancen en el interior de vuestro cuerpo. Cuando disminuya esta danza de energía en el interior del cuerpo y en el corazón, permanecer unidos todo el tiempo que os apetezca, incluso os podéis quedar dormidos sexualmente unidos. Después de esto, durante unos días os sentiréis llenos de vitalidad, relajados y radiantes.
No esperes la excitación normal, la culminación del arrebato sexual en este ejercicio. Limítate a dejar fluir la energía a su propio ritmo, sin interferir. Pero si experimentas un orgasmo y la eyaculación, no detengas el ejercicio, ni te sientas culpable. Deja que se produzca el clímax. Después seguir abrazados, disfrutando de la relajación y somnolencia postorgásmica.

Puede que tengas la sensación de que no ocurre nada, es un reflejo de las costumbres sexuales anteriores. Con la excitación no te precipites hacia el acto sexual genital, se trata de una meditación, estas aprendiendo a contener la energía orgásmica sin liberarla inmediatamente.  Después de varios minutos de relajación unida genitalmente a la otra persona, puedes notar una sacudida de energía por todo el cuerpo, o limítate a relajarte para que resurja la sensación del cuerpo.

COITO SIN LIMITACIONES

Cuando en semejante abrazo, en semejante comunión profunda con la amada o el amante, tus sentidos tiemblen como hojas, entra en este temblor. Mientras es­tás haciendo el amor, no permites que tu cuerpo se mueva mucho, porque si le permites muchos mo­vimientos a tu cuerpo, el acto sexual se extiende por todo tu cuerpo. Puedes controlarlo cuando está confinado en el centro sexual. La mente puede permanecer en control. Cuando se extiende por todo tu cuerpo, no puedes controlarlo. Puede que empieces a temblar, puede que empieces a gritar, y no podrás controlar tu cuerpo una vez que el cuerpo tome las riendas.
Especialmente, en todo el mundo, reprimimos todos los movimientos, todo el temblor de las mujeres. Ellas permanecen como cuerpos muertos. Les estás haciendo algo; ellas no te están haciendo nada a ti. Son tan sólo copartícipes pasivas. Hay miedo... Porque una vez que una mujer toma posesión de su cuerpo, es muy difícil para un hombre satisfacerla: porque una mujer puede te­ner orgasmos consecutivos; un hombre no puede tenerlos.
Temblar es estupendo, porque cuando tiemblas en el acto sexual, la energía empieza a fluir por todo el cuerpo, la energía vibra por todo el cuerpo. Entonces, cada célula del cuerpo está implicada. Cada célula del cuerpo cobra vida, porque toda célula es una célula sexual.
Cuando todo tu cuerpo tiembla, no es sólo una unión de ti con tu amante. También, dentro de tu cuerpo, cada célula está uniéndose con la célula opuesta. Sólo entonces podéis uniros los dos, y entonces esa unión no es mental. Es una unión de vuestras bioenergías.
Entra en este temblor, y mientras estés tem­blando no permanezcas distante. No seas un es­pectador, porque la mente es el espectador. Olvídate de todo y vuélvete el temblor. No es que tu cuerpo esté temblando: lo estás tú, todo tu ser. Ese momento es de gran creación. Os disolvéis como cuerpos sóli­dos. Os habéis vuelto líquidos... fluyendo el uno en el otro. Tenéis una unidad.
Después de todos los preparativos previos que os aseguren un ambiente agradable, sensual y libre de molestias, empezar los juegos con un abrazo apasionado en el que trasmitas a tu pareja todo tu afecto, ternura y deseo. Continuando con caricias, besos y como no un buen masaje sensual y estimulante. Olvidaros de cualquier preocupación o problemas de la vida cotidiana, para centrarse en vuestro encuentro íntimo y placentero.
Este primer juego está especialmente indicado para las mujeres que están tratando su vaginismo, o dolor en el coito.
La mujer tumbada, con las piernas separadas, toma la mano de su pareja y lubrifica sus dedos para introducirse uno gradualmente en la vagina, luego, introducirá un segundo dedo de forma relajada y sin prisas.
Cuando note que está suficientemente dilatada y lubrificada su vagina, el hombre se sitúa sobre la mujer y esta cogerá el pene y una vez bien lubrificado, se lo irá introduciendo lentamente en su vagina. Cuando se sienta cómoda con el pene en su interior, permanecer así unidos, sin moverse, durante unos minutos, mientras os besáis y acariciáis. Luego la mujer poco a poco empezará a moverse sintiendo como el pene se desliza dentro de su vagina. Al principio el hombre permanece quieto, dejando que sea ella la que realice todos los movimientos.
Cuando ya te sientas cómoda y a gusto, puedes invitar a tu pareja a moverse de manera rítmica y suave, tú vas guiando sus movimientos colocando las manos en sus caderas, cuando te sientas confiada, vas dejando poco a poco que él se mueva libremente, a la vez que liberas tus propios movimientos, acompañando al ritmo de vuestro deseo.
Recordar que cada uno es el responsable de su propio goce sensual, así que cada uno ocuparos de vuestras propias sensaciones placenteras, sin preocuparse por conseguir ningún objetivo específico, únicamente disfrutando de vuestro contacto íntimo hasta el punto que cada uno pueda llegar.
Una vez podáis practicar este juego de forma satisfactoria para ambos, lo haréis pasando por alto la fase de introducción de los dedos en la vagina, y desde la misma posición, ella tumbada y el hombre situado sobre ella, y cuando ya estéis suficientemente excitados, ella coge su pene y lo introduce lentamente en la vagina.
Cuando ambos os sintáis cómodos en ese contacto, ambos empezaréis a mover las caderas de forma rítmica y acompasada, con los movimientos pelvianos que ya habéis practicado. Comenzar de forma lenta, centrados en las sensaciones placenteras del deslizamiento del pene dentro de la vagina. Mantener el contacto sensual con caricias corporales, sintiendo el contacto de la piel de la otra persona, el olor que cada uno desprende, la humedad y el calor de la vagina, la consistencia del pene y la intensificación progresiva de la excitación sexual.
Según veáis que vuestros encuentros sexuales tienen lugar con mayor seguridad y despreocupación, libres de bloqueos e inhibiciones, utilizar la expresión verbal conjuntamente con las caricias, palabras que resulten tan estimulantes para la otra persona como para ti mismo, palabras que potencien el aprecio y la intimidad, palabras llenas de sinceridad y emoción.
Si percibís la aproximación del orgasmo y deseáis su desencadenamiento, potenciarlo tensionando la musculatura genitas (músculos p.c.), incrementando el movimiento pélvico y el ritmos respiratorio. Si lo sientes necesario puedes recurrir a acariciarte y estimularte tu mismo tus zonas erógenas, para potenciar la excitación y tu propio placer. Aquí podéis dejar que fluya vuestra tensión sexual, acompañándola de expresiones verbales cargadas de cierta intensidad en relación con los sentimientos hacia tu pareja. Durante el orgasmo respirar profunda e intensamente, emitiendo sonidos o expresiones más culminantes  y sintiendo como la descarga extática se extiende por todo el cuerpo.
Pero recordar que no es preciso llegar al orgasmo para vivir una experiencia plenamente satisfactoria. Se trata de disfrutar de todas las sensaciones sensuales, no sólo del orgasmo, y esto se hace sin pretensiones, sin objetivos, sin metas, simplemente abandonándose y entregándose integralmente al goce y placer de estar compartiendo esta grata experiencia con la persona que deseas y por la que sientes afecto.

En el caso habitual de que el orgasmo de cada uno se desencadene en fases diferentes, quien lo tenga antes, puede acompañar igualmente con besos y caricias que faciliten al otro llegar al su propio orgasmo.

JUEGOS SEXUALES DE LIBRE CREACIÓN

El sexo se vive con mayor satisfacción y resulta muy saludable, cuando podemos expresarnos espontáneamente, sin inhibiciones, sin temores, sin necesidad de controlar la ejecución o de estar pendientes de desarrollar un plan para el logro de unos objetivos; cuando se puede realizar con un contacto vivo, variado, con una comunicación tanto verbal como gestual o incluso mental con la otra persona, con la cual podamos compartir nuestros sentimientos, gustos y necesidades en absoluta confianza y complicidad.
Podéis probar infinidad de caricias, juegos y posiciones coitales  para descubrir nuevas sensaciones, o para encontrar la mejor manera para cada ocasión, os puede ayudar el leer literatura erótica de calidad o tratados sobre sexualidad, visionando películas con brillantes escenas eróticas, y si os resulta agradable podéis utilizar material pornográfico. Teniendo en cuenta que nunca se puede exigir o forzar a la otra persona a realizar conductas que le resulten incómodas, siempre es mejor experimentar con aquellas que a ambos os resulten sugerentes.
Un método interesante es alternar en cada ocasión a que cada uno presente su propuesta erótica, que cada vez uno sea el que toma la iniciativa en provocar el encuentro sexual, o que cada vez uno sea el que dirija el jugueteo sexual y el otro se deja llevar. Tratar de sorprender, desarrollar vuestra inventiva y creatividad, comentar entre vosotros como habéis experimentados vuestros juegos sexuales, que os a gustado y que os gustaría hacer la próxima vez.

Cuando utilicéis material gráfico, literatura, revistas o películas; no os limitéis a imitar o tratar de repetir las propuestas al detalle, es mucho mejor aportar vuestro toque personal. Incluso con los juegos que aquí se presenta podéis probar a realizar vuestras propias variaciones.

PARA AUMENTAR LA EXCITACIÓN DE LA MUJER

A no ser que puedas disfrutar, no puedes ayudar a nadie a disfrutar. A no ser que estés realmente contento contigo mismo, no puedes ayudar a los demás; no puedes ayudar a que otros estén contentos. A no ser que reboses de tu propia dicha, eres un peligro para la sociedad, porque una persona que se sacri­fica, siempre se vuelve sádica. Disfruta; sé dichosa. Y cuando estés rebosante de tu propia dicha, esa di­cha les llegará también a los demás.
¡Sé feliz! Y el acto sexual, el acto del amor, puede ser una de las formas más profundas de lograr la dicha. El sexo puede ser una fuente de dicha. Y una vez que conoces esa dicha, puedes seguir adelante, porque ahora estás asentada en la reali­dad. No tienes que permanecer con el sexo para siempre, pero puedes usar el sexo como un punto de partida.
En la vida humana el acto se­xual es el único acto en el que llegas a sentir una no-dualidad; en el que llegas a sentir una profun­dad unidad, en el que el pasado desaparece y el fu­turo desaparece y sólo el momento presente -el único momento real- permanece.
El sexo existe como una pro­funda posibilidad, una gran potencialidad. iÚsalo!. Vivimos en una sociedad neurótica en la que todo el mundo está triste. Cuando estás triste, todo el mun­do se siente feliz porque puede compadecerte. Cuando eres feliz, todo el mundo se siente confu­so. Tu felicidad no es mala; es buena. iNo es pecado! Sólo la tristeza es pecado, sólo ser desdichado es pecado. Ser feliz es una virtud, porque una perso­na feliz no creará desdicha en los demás. Sólo una persona feliz puede ser una base para la felicidad de los demás.
Una persona que está reprimiendo el sexo es más sexual que una persona que se está entregando a él, porque mediante la complacencia la energía se libera. Mediante la represión, sigue ahí, entrando en tu sistema continuamente. Una persona que reprime el sexo empieza a ver sexo por todas partes. No es que todo sea sexual, sino que ahora él pro­yecta. A cualquier parte que mire verá sexo, y como está condenándose a sí mismo, empezará a condenar a todo el mundo.
Una vez que conoces el secreto, puedes trascenderlo, porque, en realidad, en un profundo or­gasmo sexual no es el sexo lo que te da dicha, sino otra cosa. El sexo es sólo una situación. Otra cosa te está dando la euforia, el éxtasis. Esa otra cosa pue­de ser dividida en tres elementos. Debido a estos tres elementos, llegas a un mo­mento de dicha en el sexo. Estos tres son, en pri­mer lugar, la intemporalidad: transciendes completamente el tiempo. No hay tiempo. Te olvidas completamente del tiempo; no hay pasado, no hay futuro. En este mismo momento, aquí y ahora, está concen­trada toda la existencia. Este momento se vuelve el único momento real.
En segundo lugar, en el sexo por primera vez pierdes tu ego, te quedas sin ego. De modo que to­dos los que son muy egotistas, siempre están en contra del sexo, porque en el sexo tienen que per­der sus egos. Ya no estás, ni tampoco el otro. Surge una nueva realidad, surge una nueva unidad en la que los dos que había se han perdido completa­mente.
Y en tercer lugar, en el sexo eres natural por pri­mera vez. Lo irreal se pierde, los rostros, las facha­das se pierden; la sociedad, la cultura, la civilización, se pierde. Formas parte de la naturaleza. Simplemen­te estás flotando: eres llevado por la corriente.
Estas tres cosas te proporcionan el éxtasis. El sexo es sólo una situación en la que sucede natu­ralmente. Una vez que conoces y una vez que puedes sentir estos elementos, puedes crear estos elementos independientemente del sexo.
Si tu acto sexual es para desahogarte; es simplemente como soltar un buen estornudo. Sueltas la energía y te sientes aliviado. Es destructivo, no es creativo. Es bueno..., terapéu­tico. Te ayuda a estar relajado, pero nada más.
El acto sexual no es para desaho­garse, no es para soltar energía. Es para permane­cer en el acto sin eyaculación, sin soltar energía; para permanecer en el acto fundido...; en la parte inicial del acto, no en la parte final. Esto cambia la cualidad; entonces la cualidad entera es diferente.
Hay dos tipos de clímax, dos tipos de orgasmo. Un tipo de or­gasmo es conocido. Llegas a una cima de excita­ción, y no puedes ir más allá: ha llegado el final. La excitación alcanza un punto en que deja de ser voluntaria. La energía salta en ti y sale. Te liberas de ella, quedas aliviado. Sueltas la carga; te rela­jas y te duermes. Éste es un tipo de orgasmo: llegar a la cumbre de la excitación.
Si llamamos al primer tipo «orgasmo cumbre», al otro tipo de orgasmo lo puedes llamar «orgasmo valle». En él no estás llegando a la cum­bre de la excitación, sino al valle más profundo de la relajación. Los dos tienen que usar la excitación al principio. Por eso digo que al principio ambos son iguales, pero al final son totalmente diferentes. Los dos tipos tienen que usar la excitación: o vas hacia la cumbre de la excitación o al valle de la relajación. Para el primero, la excitación tiene que ser intensa: cada vez más intensa. Tiene que se­guir aumentando; tienes que ayudarla a que vaya creciendo hacia la cumbre. En el segundo, sólo hay excitación al principio. Y una vez que el hom­bre ha entrado, tanto el amante como la amada pueden relajarse.        
No es necesario ningún movimiento. Pueden relajarse en un abrazo amoroso. Cuando el hombre o la mujer sienten que la erección se va a perder, sólo entonces se requiere un poco de movimiento y de excitación. Pero luego relájate otra vez. Pue­des prolongar este abrazo profundo durante horas sin eyaculación, y luego los dos podéis dormiros profundamente, juntos. Esto -esto- es un orgas­mo valle. Los dos están relajados, y se unen como dos seres relajados.
Cuando estás en un profundo abrazo con la persona que amas, puedes olvidarte del otro. Sólo entonces te olvidas del otro. Un hombre olvida que existe la mujer; una mujer olvida que existe el hombre. Sólo en un abrazo profundo el otro deja de existir, y cuando el otro deja de existir, tu ener­gía puede fluir fácilmente.
En el sexo, estás relajándote en él, no controlándolo. Si lo es­tás controlando, no habrá relajación. Si lo estás controlando, tarde o temprano tendrás prisa por acabar, porque el control es un esfuerzo. Y todo esfuerzo crea tensión, y la tensión crea una exigencia, una necesidad de desahogo. Simplemente no tienes prisa, porque el sexo no está sucediendo para llegar a alguna parte. Es sólo un juego; no hay una meta. No hay que lograr nada.
 Pero un hombre que siempre, en todo acto, está presente totalmente... Si tienes prisa en todo, también tendrás prisa en el acto sexual, porque tú estarás presente. Una persona que sea muy cons­ciente del tiempo, también tendrá prisa en el acto sexual: como si estuviese perdiendo el tiempo. No puede haber sexo instantáneo. No es un trabajo y no es algo que puedas acelerar. Con la prisa lo destruirás; te per­derás toda la oportunidad. Disfrútalo, porque me­diante el sexo se puede sentir una intemporalidad. Si tienes prisa, entonces la intemporalidad no se puede sentir.
  Esta ausencia de prisa es básica para crear el valle; de otra forma se creará la cumbre. Y cuando se dice esto, no significa que tengas que controlar. No tienes que controlar tu excitación, si la controlas, estás creando una excitación doble. ¡Relájate! Tómalo como un juego; no lo concluyas.
Durante el acto, cierra los ojos. Siente el cuer­po del otro, siente la energía del otro fluyendo ha­cia ti y fúndete con ella, disuélvete en ella. Puede que el viejo hábito persista durante unos pocos días; luego se irá. Pero no lo fuerces a que se vaya. Simplemente sigue relajándote, relajándote, relajándote, y si no hay eyaculación no pien­ses que algo ha ido mal. Simple­mente relájate.
Cuando hablo del «acto sexual» parece que necesitas un esfuerzo. iNo lo necesitas! Simple­mente empieza a jugar con tu amada o tu amante. Sentías mutuamente, sed sensibles el uno al otro, igual que niños pequeños jugando o perros jugando, animales jugan­do. Sigue jugando, y no pienses en el acto sexual en absoluto. Si piensas en ello, ya te estás adelantando a ti mismo; estás jugando con la persona a la que amas, pero estás pensando en el acto sexual. Entonces el juego es falso. No estás aquí, y la mente está en el futuro.   
Como primer paso para alcanzar el orgasmo, familiarízate con tu propia anatomía sexual y con aquello que te resulta excitante. Explora las distintas áreas de todo tu cuerpo así como las de tu vagina, interna y externamente. Averigua en qué puntos responde tu cuerpo al tacto y cómo reacciona ante diferentes tipos de caricias. Utiliza un vibrador para estimular tu punto G, utiliza tu músculo PC para llevar a cabo contracciones y relajaciones rítmicas. Si eres capaz de darte placer a ti misma será más fácil que ayudes a tu pareja a hacer que lo sientas.
Si respondes bien ante la estimulación del clítoris no tengas miedo de practicarla al hacer el amor y ajusta tu postura para que aumente. O muéstrale a tu pareja cómo tocarte ahí. La estimulación simultánea de pezón y clítoris o de clítoris y punto G con manos, boca o pene puede ayudar a aumentar la excitación.
El órgano sexual más grande, tanto en hombres como en mujeres, es la mente, y por lo tanto es esencial que creas que eres capaz de experimentar un placer intenso. Estimula tu ser sensual creando el estado de ánimo y el ambiente necesarios con velas, música, o cualquier cosa que te excite. Prueba distintos lugares y horas del día. Explora y experimenta con literatura, fotografías o películas eróticas. Tu imaginación siempre ayudará a aumentar tu deseo y excitación.
Di con claridad lo que te gusta y lo que te da placer, y dale las gracias a tu pareja cuando haga lo que deseas. Si te gusta que te froten, aprieten o masajeen en el clítoris, díselo a tu pareja. Si te gusta que tu pareja te susurre al oído, o que te den azotitos en las nalgas, o que te chupen los dedos de las manos o los pies, cualquier cosa que te excite, atrévete a pedirlo.
Si quieres lubricarte para aumentar la sensación, utiliza tu propia saliva o la de tu pareja, o aceite lubrificante.
La respiración también puede ser un gran recurso para aumentar la excitación. Realiza respiraciones rítmicas y profundas, sin forzarte, para abrir tu pecho y vientre. Emitir sonidos es otra manera efectiva de aumentar los niveles de energía sexual.
No tengas miedo de tocarte frente a tu pareja. Si te estimulas a ti misma, no sólo le resultará educativo, sino que también puede ser muy excitante.

El jugueteo es una técnica que puedes utilizar, ya sea contigo misma o con tu pareja. Cuando alcances el punto de deseo moderado detén la estimulación hasta que la excitación disminuya (pero no dejes que desaparezca por completo) y después aumenta la estimulación de nuevo y detente otra vez. Repite esto aumentando lentamente cada vez la intensidad de tu placer y expectación. Si experimentas un orgasmo tu energía sexual se encontrará en alto; y si después continúas la estimulación es posible que consigas alcanzar otro orgasmo, con este mismo método de estimular y detenerte. Tu pareja también puede provocarte colocando su pene en la entrada de tu vagina, moviéndose lentamente hacia la penetración y deteniéndose en posiciones que estimulen el punto G. 

TÉCNICA DE LA SERIES DE NUEVES

Ésta es una técnica que puede utilizar el hombre al hacer el amor para ayudar a su pareja a lograr los nueve niveles de orgasmo (según el Tao):
La primera serie de nueve consiste en nueve penetraciones poco profundas y una profunda. Esto aumenta el placer, ayuda a prevenir la eyaculación precoz y mantiene un alto nivel de conciencia y concentración, y a las mujeres les resulta excitante en extremo. El hombre penetra lenta, suavemente y con amor. Durante las primeras nueve penetraciones sólo permite que la cabeza del pene penetre en la vagina de su pareja; éstas son las penetraciones poco profundas pene. Además de la estimulación sensorial que esto produce, también hace que el aire salga de la vagina, creando un vacío parcial durante las penetraciones poco profundas y haciendo que la mujer se sienta primero anhelante y después satisfecha. Al moverse, el hombre debe tener cuidado de no salir por completo. Después de nueve penetraciones poco profundas y una profunda, él continúa con:
·                   Ocho penetraciones poco profundas y dos profundas.
·                   Siete penetraciones poco profundas y tres profundas.
·                   Seis poco profundas y cuatro profundas.
·                   Cinco poco profundas y cinco profundas.
·                   Cuatro poco profundas y seis profundas.
·                   Tres poco profundas y siete profundas.
·                   Dos poco profundas y ocho profundas.
·                   Una poco profunda y nueve profundas.
La idea es llevar a cabo tantas series de nueve como sea posible sin eyacular. Cuando el ritmo es lento se logran los mejores resultados y se alcanza el mayor grado de placer. Cuando el pene está casi separado la vagina, éste reaccionará instintivamente contrayéndose para mantenerlo dentro. Esta reacción instintiva la vagina aumentará la expectación de la mujer a medida que espera ser penetrada por el pene de su pareja.

Para aumentar aún más el placer, la mujer puede sacar partido del esfuerzo consciente de contraer y apretar su vagina cuando su pareja tire hacia fuera. Esta contracción traerá como resultado mayor fricción, mayor estimulación y más placer. A los hombres al principio les resulta abrumadora tanta estimulación, por lo que es importante variar el número de series y su ritmo de acuerdo con las habilidades de cada individuo. El ritmo y la estimulación homogéneos en la cabeza y el cuerpo del pene ayudan al hombre a retrasar la eyaculación. Esto prolonga la relación sexual y crea una experiencia aún más poderosa durante el orgasmo. 

BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA

Este manual se ha realizado consultando diversa bibliografía sobre sexualidad y relaciones afectivas, y los juegos has sido obtenidos principalmente de “Tratamiento de disfunciones sexuales” de varios autores, editorial TEA Publicaciones de Psicología Aplicada,  y de “La senda del éxtasis” de Margo Anand, Editorial Martínez Roca, los cuales recomendamos para una mayor profundización en los temas.
Otros textos consultados y que recomendamos su lectura, son:
“Secretos Sexuales” Nik Douglas y Penny Slinger. Ed. Martínez Roca
“El Arte del Sexo Tántrico” Nitya Lacroix. Ediciones B Grupo Z
“Kama Sutra”, Ananga-Ranga”, “El Jardín Perfumado”. Ed. Plaza y Janes
“Séxtasis” Caroline Aldred. Círculo de Lectores
“El Placer de Amar” Alex Comfort. Ed. Blume
“El Arte Tibetano del Amor” Guendün Chömpel. Círculo de Lectores
“Tantra Yoga” Antonio Blay. Ed. Iberia
“Tantra Espiritualidad y Sexo” Osho. Arkano Books
Sexualidad: funcionamiento normal, trastornos y tratamientos” Felipe Hurtado Murillo
Promolibro
 “Manual de educación sexual, reproductiva y afectiva Felipe Hurtado Murillo, Promolibro
“La Nueva Terapia Sexual” Helen S. Kaplan
La Relajación CreativaPaolo Abozz, Ed. Martínez Roca
“Relajación fácil”, Sarah Brewer, Ed. Integral
 “Cómo combatir la Ansiedad y el pánico” Elaine Sheehan, Ed. Martínez Roca
“La ansiedad” Enrique Rojas, Ed. Temas de Hoy
“Guía práctica para superar el estrés” Ed. Plaza & Janes, S.A.
 “El Masaje” Stewart Mitchell, Ed. Martínez Roca
“Estrés y Ansiedad superación interactiva” Antonio Barrero, Ed. libro-Hobby
“Autoestima: evaluación y mejora” M. Mckay/ P. Fanning,  Ed. Martínez Roca
“Cómo mejorar su Autoestima” N, Braden, Ed. Paidos
 “El lenguaje no verbal” Flora Davis, Alianza Editorial

 “Meditaciones acerca de las Nueve Revelaciones” Salle Merrill