viernes, 7 de marzo de 2014
JUEGOS PARA DESINHIBIRSE
Para redescubrir el sentido infantil de
la diversión y la espontaneidad, tu pareja y tú podéis dedicar algún tiempo a
jugar. Deshaceos de las cargas de la responsabilidad adulta cuando estéis a
solas y liberad el cuerpo y la mente de las tensiones e inhibiciones que
reprimen la vitalidad innata. Desnudaos y sed inocentes el uno con el otro,
rodar juntos por el suelo sin preocuparos de nada en absoluto.
Haced el “animal” juntos, jugar a ser
leones que se rugen mutuamente. Dejad que los sonidos primarios surjan desde lo
más profundo de vuestro ser. Y luego os restregáis contra la piel del otro y os
acurrucáis el uno contra el otro.
Tomaos el pelo, haceos cosquillas y
luego frotaos las narices. Haced todas las tonterías que se os ocurran: haced
muecas, sacad la lengua y revolcaos en una lucha juguetona. Olvidaos del mundo
exterior y sumergíos completamente en el placer del juego. Haced una guerra de
cojines y dejaos caer juntos en la cama.
Puesto que tu vida sexual y amorosa es
suficientemente importante como para que les dediques tiempo y energía,
experimenta con todas o algunas de estas sugerencias de actividades para hacer
junto con tu amante. Esto te ayudará a mantener el sentido del humor y a no
avergonzarte por cualquier sana observación acerca de ti mismo que algunas de
estas sugerencias habrán de evocar. Por lo menos esto os dará algo de qué
hablar ¡U os inspirará para crear vuestras propias diversiones:
·
Respirando al
unísono con lentitud y mirándoos a los ojos contemplad al otro como amor,
energía o como el vacío.
·
Asumid roles
de juego vistiéndoos o no de acuerdo con sus personajes y haced el amor de
acuerdo con estos papeles. Probad a intercambiar géneros.
·
Venda los ojos
de tu amante y hazle preguntas sexuales explícitas, o haz que explore tu cuerpo
mientras tú le observas detenidamente.
·
Vístete y
desnúdate para que el otro te mire.
·
Id juntos a
dormir y poned la alarma del despertador a media noche. Tan pronto como suene,
busca a tu amante y comienza a hacerle el amor.
·
Durante el
acto amoroso inventa nombres espontáneos para las partes eróticas del cuerpo de
tu amante; pechos, boca, vagina, pene. Di estos nombres en voz alta; “quiero
lamer tu shnukili, quiero mordisquearte el nipalikolop”.
·
Con un
rotulador verde dibuja un punto en el centro del pecho de tu amante o en el
centro de su frente (el tercer ojo), o en cualquier otro sitio de su cuerpo.
Concéntrate en esa marca mientras hacéis el amor.
·
Imagina que tu
cuerpo está hecho de piedra y es muy pesado, de manera que cada movimiento y
cada gesto requieran de una gran concentración.
·
Imagina que tu
cuerpo es muy ligero y concéntrate en no salir volando.
·
Bailad juntos,
bailad uno para el otro, ¡bailad desnudos y celebradlo!
·
Ponte un
sombrero o alguna joya hermosa y ninguna ropa.
·
Elige tus
animales favoritos y haz el amor como esos animales.
·
Mantén
contacto visual con tu amante continuamente mientras hacéis el amor
·
Utilizad una
cámara digital para haceros fotos sensuales, o grabad en video vuestros juegos.
El tomar fotos de las relaciones sexuales puede servir como recuerdo de los
momentos felices, pudiendo realizarse con ellas todas las fantasías eróticas
que se quiera y dejarlas registradas para siempre.
·
Grabar en
vídeo es un estímulo mucho mejor, recogiendo los mejores momentos y pasarlos
como acompañamiento, pudiendo excitar extraordinariamente los buenos recuerdos
bien y oportunamente escogidos.
·
Las
diapositivas tienen su mejor aplicación proyectando imágenes diversas
(eróticas, flores, texturas, objetos, etc.), pudiéndose bailar, juguetear o
hacer el amor dentro del cono de luz bañados por las imágenes y mirándose al
mismo tiempo por medio de un espejo.
·
La próxima
ocasión en que hagáis el amor, que uno de los dos no haga nada en absoluto. Que
actué como un muñeco que no puede realizar movimientos voluntarios.
·
Jugad a las
peleas de almohadas y chillad hasta quedar exhaustos; luego haced el amor. Una actividad altamente satisfactoria durante los
preliminares de la relación sexual es la lucha, bien sea jugando a darse
cariñosos revolcones, o bien utilizando bastones de gomaespuma blanda y
golpearse con ellos sin hacerse daño; entablando combates de matiz teatral, que
facilitan el expresarse espontáneamente y descargar la propia agresividad. Cada
vez se irán alternando los papeles de agresor y agredido, de vencedor y
vencido.
·
Escribe en un
papel o en un correo electrónico algo que quisieras que tu amante hiciera y que
no haya hecho nunca antes, quizás algo que sea un sueño o una fantasía tuya.
·
Acostaos
juntos con los ojos cerrados. Haced el amor mentalmente, sin contacto físico.
·
Haced el amor
como si fuera la primera vez para ambos, o la última.
·
Rasuraos
mutuamente el vello púbico de acuerdo a un diseño, o eliminándolo por completo.
·
En alguna
ocasión en que no quieras hacer el amor, hazlo. En alguna ocasión en que
quieras hacer el amor, no lo hagas.
·
Vestíos con
las ropas del otro y después haced el amor jugando a ser el otro.
·
Sentaos frente
a frente con un plato con vuestros alimentos favoritos o con fruta. Actuad como
si estuvieseis haciendo el amor, pero haciéndolo con la fruta, sin tocaros
mutuamente.
·
Desnudaos el
uno al otro con las manos a la espalda.
·
Utiliza un
pincel limpio, suave y ancho para pintar el cuerpo de tu amante con algún
material comestible.
·
Si es posible,
probad a dormir en una cama y hacer el amor en otra.
·
Contaos una
historia erótica relevándoos para inventar y contar cada trozo.
·
Sorprende a tu
amante de alguna forma inesperada.
·
Desliza una
nota sexy en el bolsillo o el monedero de tu amante.
·
Comed juntos
utilizando tan sólo las manos. Usad los dedos para alimentaros el uno al otro.
·
Jugad al juego
del espejo: Os plantáis uno frente al otro y uno debe actuar como espejo de lo
que el otro haga, ya se trate de movimientos, sonidos, gestos, expresiones o
actos físicos. Este juego os ayudará a superar vergüenzas. También os permitirá
representar distintos papeles y expresar actitudes diferentes, lo cual genera
intimidad y armonía, ¡y resulta divertido!
·
Haced un
ritual de vuestro acto amoroso. Preparad el espacio, untaos aceites, encended
velas e incienso y honraos mutuamente como a dioses. Haced el amor como si
fuera un acto de adoración mutua.
Utilizad los juegos para divertiros y explorar distintos
aspectos de vuestra personalidad. Los juegos son una herramienta para dejar de
lado las inhibiciones y ofrecer el amor que puedes dar
FORTALECIMIENTO DE LOS GENITALES
Fortalecimiento
de los genitales masculinos
Es un masaje para eliminar las corazas del cuerpo y
aumentar la sensibilidad del pene, desentumece los músculos pelvianos,
proporcionándoles más movilidad para hacer el amor. Has de centrarte en los
vínculos del pene y el escroto con la base pelviana y en la red de músculos de
esta zona. El bloqueo de estos músculos impide la erección y el control de la
eyaculación. La ternura y atención por parte de la pareja ayudarán a crear la
intimidad necesaria entre ambos. Crear el entorno adecuado.
El hombre ha de acumular una carga de energía en el
cuerpo antes de empezar el ejercicio. Es necesario utilizar mucho lubricante a
base de sustancias naturales como el aceite de oliva o de almendras. Los
tejidos que circundan el pene y el escroto son delicados y pueden irritarse con
facilidad. La mujer ha de tener las uñas recortadas y limadas. La primera vez
utilizaremos hora y media para el masaje y en otras ocasiones bastará con una
hora. La mujer ha de apoyarle para que se relaje en el papel pasivo,
manteniendo la mirada en la suya y dándole ánimos. Poner música suave. Empezar
con una salutación sincera y un abrazo de fusión.
El hombre se tumba de espaldas, los pies apoyados en
el suelo, las rodillas hacia arriba, los muslos abiertos. Ella se sentará con
las piernas cruzadas ante los genitales de él y cogiéndolos entre ambas manos
los observara amorosamente como una
parte especialmente delicada y digna de aprecio.
El hombre hará un “movimiento” pelviano y el bombeo
del PC. Ella le animará a utilizar las tres claves (respiración, movimiento y sonido), así como a respirar hasta los
genitales. Ella acariciará la parte delantera del cuerpo de él, relajando los
músculos del cuello y cualquier otra rigidez del cuerpo antes de acercarse a la
zona genital.
Para trabajar el perineo, hay que sugerir a él que
use el bombeo del PC, nota al tacto cómo ascienden los músculos y el escroto.
Mientras tanto, presiona el perineo. Respirar ambos profundamente. Al relajarse
el hombre, se continua presionando, pero con menos intensidad. Repite la
cadencia unas cuantas veces para revitalizar toda la zona. No hay que hacer
presión en el escroto. El hombre agradecerá, que a la vez, se le estimule el
pene, creándole un equilibrio entre el placer y la liberación de la tensión. En
la base del pene, está un pequeño músculo denominado cuerpo esponjoso. Lo
exploras y haces un masaje. Mientras él efectúa contracciones, bombeando el PC.
Pasa seguidamente al escroto y los testículos. Haz
un masaje en los testículos, pellizcándolos con gran suavidad, describiendo
círculos a su alrededor. Aquí sin utilizar lubricante, ya que has de asirlos
con firmeza. Si aparece tensión o dolor, centra el masaje en la zona próxima,
lentamente, respirando profundamente hasta que lo hayáis solucionado.
Ve convirtiendo el masaje en una suave caricia en
toda la zona.
Otros mansajes
para el pene:
Técnica de unción
Vierte un poco de aceite sobre
el dorso de la mano izquierda, cuyos dedos deben estar bien cerrados. Coloca
enseguida la mano derecha, con los dedos un poco separados, sobre el escroto y
la parte inferior del pene. Abre los dedos de tu mano izquierda de manera que
el aceite escurra entre los dedos. Alternando manos, esparce el aceite con un
movimiento de tracción. Comenzando en el perineo, desliza tus manos hacia
arriba por encima del escroto y a lo largo de la parte inferior del pene.
Realiza movimientos largos y suaves, haciendo mayor presión en el perineo que
en el escroto y el pene.
Técnica del exprimidor
Sostén el pene por su base con
una mano. Si tu amante tiene prepucio, muévelo hacia atrás suavemente para
exponer la cabeza de su pene. Coloca tu otra mano alrededor del cuello del pene
(justo debajo de la cabeza) y utiliza las puntas de tus dedos como si
exprimieras media naranja en un exprimidor mientras mueves hacia arriba y hacia
abajo la otra mano. Varía la presión y velocidad y pregúntale a tu amante
cuáles prefiere.
Técnica curativa
Lleva una mano hacia abajo,
desde la punta de la cabeza del pene hasta la base; una vez ahí, suéltalo,
mientras llevas la otra mano hasta la punta del pene y repites con ella el
movimiento. Continúa en sucesión, creando una caricia constante.
Técnica de amasado
Con el pene descansando sobre
el vientre, cubre el escroto con una mano. Haz resbalar la parte carnosa de la
palma de la otra mano hacia arriba y hacia abajo del pene, llegando hasta la
misma punta.
Técnica de espiral
Ésta es una buena técnica para
cuando tu amante está flácido o si tiene dificultades para conseguir una
erección. Sostén la base de su pene con una mano y tómalo firmemente con la
otra. Comenzando en la base, desliza tu mano hasta la punta a lo largo de su
cuerpo, utilizando un movimiento en espiral, como el de un sacacorchos. Al
llegar a la cabeza, acaricia su superficie entera con la palma de la mano.
Fortalecimiento
de los genitales femeninos
Para el hombre, este ejercicio es una oportunidad
para relajar y purificar la vagina, para mostrarle su respeto, su atención y
ternura, y para crear un profundo nivel de intimidad con la pareja. Para la
mujer, es una oportunidad de conducir a la pareja a través de su zona más
íntima y describirle exactamente qué siente y qué necesita. La revitalización
de la vagina la lleva a cabo un hombre, aunque también lo puede hacer otra
mujer.
Importancia de reír, tener una actitud lúdica. No te
tomes las cosas demasiado a pecho. Los temores se pueden subsanar con el apoyo
y ternura de ambos. Sintonizar mutuamente, mirando a los ojos a la pareja y
mantener este contacto. Hacer ejercicios como danza, salto y los gritos para
revitalizar la zona pelviana. Utiliza el movimiento, la respiración y la
expresión oral mientras recibes el masaje. Es importante el “movimiento”
pelviano y el bombeo del PC; a lo largo del ejercicio repite los movimientos de
succión con la vagina y el ano. El ejercicio de la mariposa es útil para
conseguir el punto de apertura y confianza en las sensaciones sexuales. Si
aparecen temores o resistencias, realiza el diálogo pene-vagina como se
describe en el ejercicio correspondiente.
Durante el masaje, cada uno tiene un papel concreto,
El que da el masaje (el hombre, si es el caso), ha de actuar como guía y
donante. Pero el que da el masaje no debe imponer su pauta sobre la sesión. Ha
de escuchar y guiar de acuerdo con las sensaciones de quien lo recibe.
Hay que recortarse bien las uñas y limitar las
asperezas que hayan podido quedar, para no dañar los tejidos de estas partes.
Lavarse a conciencia las manos con agua y jabón, así como desinfectarse con
alcohol cuando se haya finalizado la revigorización de la vagina. Hay que usar
gran cantidad de lubricante en los masajes. Utiliza los solubles en agua, ya
que los que contienen aceites obstruyen los poros.
Si el masaje se hace durante la menstruación se ha
de utilizar guantes de látex. Si se realiza adecuadamente, combinado con la
respiración lenta y una profunda relajación, este ejercicio puede suavizar los
calambres premenstruales así como los síntomas de contracción y dolor.
Antes de empezar, se ha de ir al lavabo para vaciar
la vejiga y los intestinos y posteriormente realizar una irrigación vaginal y
anal. Utilizar agua filtrada con unas gotas de jugo de limón o tres gotas de
esencia de aceite de lavanda pura (germicida natural no irritante).
Podéis crear un entorno adecuado alrededor de la
receptora, con flores, cristales, objetos de valor personal o estético, plumas
para hacer cosquillas, perfume, esencias y un cuenco lleno de agua en el que
flote una flor roja. El ambiente de la habitación ha de estar caldeado. Sin
límites de tiempo, puede durar una hora y media. Os podéis acompañar de una música
suave con sugerencias sublímales positivas.
Empieza la mujer, en cuanto hayas acumulado una
carga de energía suficiente en el cuerpo, realizar una salutación sincera y un
abrazo de fusión. Te tumbas de espaldas, completamente desnudos, apoyándote
sobre unos cuantos cojines mullidos, las rodillas hacia arriba, las piernas
abiertas. Él se sienta o se arrodilla entre los muslos de ella y con las
piernas cruzadas ante los genitales de ella y cubriéndolos entre ambas manos
los observara amorosamente como una
parte especialmente delicada y digna de aprecio. Que sirva para controlar y
disipar las tensiones que hayan podido mantener la puerta cerrada.
El empieza a hacer un masaje a la zona pelviana y
parte interior de los muslos de ella, acercándose gradualmente a los labios
vaginales. Has de lubricarte bien las manos y estimular ligeramente el
clítoris. Estate atento a la respuesta de ella. A ver si está dispuesta a
admitirte en su interior. Sabrás que ha llegado el momento cuando mueva la
pelvis hacia delante, haga girar las caderas y emita sonidos de placer. Antes
de introducir los dedos, le pedirás cariñosamente permiso para ello.
Ella, en este punto utilizará el bombeo del PC para
vivir la sensación de succionar el dedo de él dentro de la vagina. Has de indicarle
si quieres un dedo o dos. El no estimulará a ella a fin de que utilice las tres
claves y el bombeo del PC para mantener una elevada carga de energía en el
cuerpo.
Una vez en el interior, arquea el dedo como si
hicieras un gesto para llamar la atención a alguien. Empieza presionando en el
interior de la vagina, al fondo, detrás del surco del hueso púbico. Gira
lentamente hacia la izquierda, y después lentamente hacia la derecha. Ve muy
despacio, anímala a respirar, emitir sonidos, arquear la pelvis y bombear el PC
mientras recibe el masaje.
Si ella nota dolor o tensión, el notará una especie
de nódulo duro en el tejido o una sensación rugosa. Detén el masaje, deja
reposar el dedo en el lugar preciso continuando la presión regular y respira al
unísono con tu pareja. Cuando ceda la tensión, ambos notaréis una sensación de
calor, incluso de ardor. Ésta puede durar entre uno y cuatro minutos. Hay que
esperar a que remita para continuar.
Cuando él toque cualquiera de estas partes, ella
puede sentir tristeza o rememorar momentos de agresión sexual, abortos, partos
difíciles o relaciones sexuales insatisfactorias. Anímala a expresar estos
sentimientos, a darles voz, como si reviviera la escena. Has de pedirle ayuda a
ella en el proceso para saber cuándo debe detenerse y cuándo continuar. Ella te
dará indicaciones como: “Por favor, quédate en este punto un poco más. Creo que
no está solucionado... Muy bien, puedes continuar”.
Cuando se ha contorneado el primer anillo (la tira
de tejido que está justo en la entrada de la vagina) puedes avanzar en
profundidad, tocar la zona central del conducto vaginal. Repetir el movimiento
con el dedo arqueado, presionando con la fuerza que pueda soportar ella,
animándola a respirar profundamente durante todo el proceso.
Continua la presión hasta que ella note con claridad
en qué parte de la vagina tiene situado el dedo, aunque evitando los
movimientos bruscos o punzantes, es importante la lentitud y la firmeza. Él
ayudará a ella a mantener abiertos los conductos de energía entre la vagina y
el resto del cuerpo, acariciándole con la mano libre de la pelvis al corazón y
la cabeza y soplando suavemente de la pelvis a la cara.
En este punto del masaje, puede alternarse la
posición del dedo, de arqueado a recto. Presionando firmemente las paredes de
la vagina, alrededor de ellas, con el dedo rígido, recto.
Al fondo de la vagina, notarás el suave tejido que
separa a ésta del ano. A través de esta membrana, notarás el cóccix y el sacro.
Presiona suave y profundamente estos dos huesos en un movimiento de zigzag con
los dedos rígidos. Consulta a menudo si este movimiento es satisfactorio.
Pídele que exprese la excitación, la irritación, el placer o el resentimiento
que pueda asociar a esta zona.
En la parte de arriba y central del conducto vaginal,
hallarás un tejido suave y esponjoso, la esponja de la uretra. También realiza
el masaje en el punto G, una zona del tamaño de la punta del dedo. Este punto
puede estar entre los dos y cinco centímetros hacia el interior de la abertura,
en la parte superior (vientre) de la cámara vaginal. En general, el punto G no
se nota con facilidad a no ser que ella se encuentre en estado de excitación,
cosa poco probable en este punto. Pídele a ella que te guíe.
Al principio muchas mujeres no lo notan. Cuando lo
empiezan a notar, pueden sentir una ardiente sensación o una urgencia de
orinar, o de incomodarle el contacto del dedo. Si esto sucede, ambos
respiraréis profundamente y os relajáis, sin moverse. Permanece en el mismo
punto hasta que los tejidos se adapten y asuman la nueva sensación. Suele ser
una zona donde se acumula dolor y tensión, cada vez que la mujer no experimenta
el orgasmo pleno, se produce una especie de ansia y decepción que crea el
bloqueo en estos tejidos determinados. Esta es la oportunidad para curar la
herida, por lo que has de ser paciente y comunicaos lo que suceda. Él ayudará a
ella a mantener la carga de energía durante esta delicada exploración,
utilizando las tres claves (respiración,
movimiento y sonido).
Cuando estéis a punto, pasa a la tercera y última
zona: la parte más profunda de la vagina. Aquí también puedes localizar traumas
relacionados con el dolor de un aborto, un parto difícil o una relación sexual
forzada. Inmediatamente antes de llegar a la cerviz, encontrarás un espacio en
forma de bóveda. Presiona el tejido con la parte interior del dedo, que
mantendrás rígido, sin centrarte directamente en la cerviz sino en su
alrededor. La presión dependerá de la respuesta de ella. Aquí se sitúa el
ligamento muscular del hueso de la cadera.
Recuerda detenerte cada vez que ella experimente
tensión. Cuanta más tensión note, más aguada será la sensación, el deseo
repentino de orinar o de dejarlo porque están aflorando los temores. Pídele a
ella que explique la sensación, si ve alguna imagen, una escena, u recuerdo, un
color,... Que espire sobre el dedo. Se le apetece, que mueva la pelvis
alrededor de éste. Si el dolor en esta zona es agudo, no hay que exigirle a
ella que supere sus límites. Puede necesitar más sesiones para preparar la vagina,
ya llegará el momento en que el contacto con el dedo constituya un placer cada
vez más grande.
Cuando notéis que hay que acabar la sesión, mantén
el dedo en la vagina y le propones que se proporcione a sí misma placer con el
clítoris. Pudiendo aprovechar para descubrir la sensibilidad del punto G, y
tener la posibilidad de un orgasmo mixto con el clítoris y el punto G.
Él ha de descubrir el ritmo adecuado y establecer
contacto con el punto G. Cuando ella le confirme que lo ha conseguido, mantén
el ritmo y el tipo de caricia. Contribuirá a excitarla, a darle confianza y
tranquilidad a través del movimiento regular y rítmico. Al principio es fácil
perder este punto. No os desaniméis ni impacientéis, mantener la comunicación
abierta y sincera.
Cuando esté al borde del orgasmo, notarás la
contracción rítmica de los músculos vaginales, seguida de un efecto de
dilatación, al abrirse la parte superior de la vagina. Si el orgasmo es
profundo, puedes experimentar una sensación gravitatoria, la impresión de que
el útero y la cerviz presionan hacia abajo, en la vagina. Esto demuestra que
está a punto de explorar nuevas cumbres de excitación, por tanto, ambos os
sentiréis libres para continuar la estimulación si lo creéis conveniente.
El orgasmo femenino se compone de una serie de
miniorgasmos y la mujer pude necesitar treinta minutos para conseguir un
orgasmo pleno con profundas contracciones vaginales. Puede que se requiera más
de una hora para alcanzar unos niveles más altos, orgasmos mixtos, como el del
clítoris y vagina o vagina y útero. Para conseguirlo, has de animarla a
conseguir cada vez más placer, pasando del clítoris a la vagina y de allí a
todo el cuerpo.
El hombre ha de mantener el movimiento rítmico y el
compás que necesite la mujer para obtener el placer. Al acabar la sesión, él
preguntará a ella si está dispuesta a despedir sus dedos de la vagina. Si te
pide que te quedes un rato más, mantén la mirada fija en ella, y luego retira
los dedos con gran suavidad y te desinfectas las manos inmediatamente. Ella
puede necesitar un rato de quietud y relajación para asimilar las nuevas
sensaciones y descubrimientos. Pregúntale si desea algo de beber, cambiar de
música, taparse el cuerpo o compañía para estar a su lado y abrazarla.
Otros
masajes para la vagina:
Técnica de unción
Derrama lubricante, previamente
caldeado, sobre la parte trasera de tu mano izquierda, manteniendo los dedos
bien cerrados. Coloca rápidamente la palma de la mano derecha boca arriba
debajo de su vagina y abre los dedos de la mano izquierda para permitir que el
lubricante se derrame entre ellos. Alternando manos, unta el lubricante con un
movimiento ascendente, dando caricias largas y lentas desde la parte inferior
de la vagina, pasando por encima del clítoris y el hueso púbico, y bajando de
nuevo.
Técnica de clítoris
Para aplicar esta técnica
conviene que te sientes detrás de tu amante con la espalda pegada o apoyada
contra una pared. Tu amante se sienta entre tus piernas con la espalda pegada a
tu pecho. En esta posición la puedes rodear con los brazos y tocar sus pechos
al tiempo que le acaricias la vagina, además de que puedes besar su cuello.
Concéntrate en acariciar su clítoris y el área circundante que se encuentra
justo debajo de la unión de los labios internos.
Un dedo lubricado que se
desliza suave y rítmicamente alrededor del clítoris casi siempre le resultará
placentero. Con el índice, o utilizando uno o dos dedos, masajea haciendo
circulo s pequeños alrededor de su clítoris, gira varias veces en dirección de
las manecillas del reloj y detente en cada una de las doce «horas».
Técnicas de labios
Acaricia su vello púbico y área
genital con movimientos suaves. Utiliza las yemas de tus dedos para acariciar y
golpetear suavemente sus labios externos, manteniendo un ritmo regular y constante.
Sentado entre sus muslos abiertos, masajea los labios de su vagina con los
dedos lubricados y tira de ellos despacio o estíralos en dirección opuesta a su
vagina. Pellizca sus labios con pulgar e índice y luego frótalos juntos con
suavidad.
Tira suavemente de sus labios
externos hacia atrás y hacía delante con los nudillos de tus dedos índice y
medio o con los dedos índice y pulgar. Masajea hacia abajo comenzando desde
arriba, donde el clítoris se junta con los labios, y mueve los labios entre tus
nudillos, con una presión firme y suave, hacía su ano. Después, con el pulgar a
un lado de un labio y el índice al otro lado, aprieta muy suave y desliza los
dedos hasta salir del límite del labio. Alterna manos y continúa con esta serie
de caricias a lo largo de la totalidad de cada labio.
Penetrar las puertas del templo
Para algunas mujeres los
orgasmos de clítoris son más placenteros si sus vaginas son penetradas, ya sea
con los dedos o con un consolador del tamaño apropiado: aunque la penetración
de cualquier tipo sólo es agradable cuando la mujer se encuentra en estado de
excitación.
Pídele permiso antes de entrar
en las puertas del templo de su vagina. Utiliza mucha lubricación y hazle
cosquillas con un dedo, tan ligero como sea posible, en la apertura vaginal.
Haz que aumente su deseo. Al penetrar las puertas del templo, pon una mano
sobre su abdomen o corazón e inserta muy despacio el dedo índice de tu otra
mano en su vagina. Mantente quieto, sin moverte. Permanece así. Después,
desliza el dedo muy despacio adentro y afuera. Si ella lo desea, añade también
tu dedo medio.
Caricias del punto G
Masajear el punto G de tu
amante puede ser muy excitante para ella. Un movimiento acariciador suave,
similar al que se hace para llamar a una persona, a menudo resulta mucho más
placentero que el mero presionar con fuerza y constancia. Recuerda que son las
yemas de tus dedos las que deben tocar el punto durante las caricias del masaje
y que la estimulación del punto G sólo es placentera cuando la mujer está excitada.
Una forma fácil de estimular el
punto G es unir y lubricar índice y dedo medio. Haz movimientos de «ven aquí»
dentro de su vagina. Como alternativa, frota el punto G en círculos. Otra
aproximación consiste en rotar tus dedos dentro de su vagina, ejerciendo una
presión uniforme sobre todas sus áreas.
Mientras estimulas su punto G,
aplica presión y haz movimientos circulares en ambas direcciones. De manera
simultánea, utiliza tu pulgar para hacer pequeños círculos sobre el clítoris o
mueve los dedos hacia delante y hacia atrás encima de éste. A continuación
alterna entre la estimulación del punto G y la estimulación del clítoris, diez
segundos en cada uno. Puedes sugerirle que al mismo tiempo contraiga y relaje
su músculo PC.
RELAJACION EN ACOPLAMIENTO
En este ejercicio aprenderás junto a tu pareja a
relajarte profundamente y a extender la energía sexual a través de ambos
cuerpos. Cuando las parejas se relajan juntas profundamente, entre sus campos
de energía tiene lugar un efecto de resonancia que proporciona una profunda
revitalización a ambos, pudiendo disfrutar de un largo orgasmo a nivel de todo
el cuerpo.
Escoge un lugar cómodo y suave para tenderte junto a
tu pareja. Pon música suave, relajante. Ha de durar unos veinte o treinta
minutos. Comenzar con una salutación sincera.
Tumbados ambos sobre el lado derecho, en la
“posición cuchara”, la espalda de uno toca el torso del otro. Utilizar
almohadas debajo del cuello de cada uno para evitar la tensión muscular.
Acoplaos hasta sentíos cómodos. En esta posición la pelvis puede moverse con
libertad y ambos os podéis mover de forma independiente. La pelvis se puede
mover hacia atrás y hacia delante siguiendo la respiración. Pudiendo conseguir
un ritmo en común con el otro.
Cuando hayáis encontrado la posición adecuada,
imagina que todas las tensiones o temores se expulsan a través de la
respiración. Ten en cuenta otros detalles como la calidez del otro, la suavidad
de su piel, la curvatura del hombro, la tierna sensación de protección, la
caricia sensual de una mano en la espalda.
Al espirar libera los sentimientos no expresados,
los resentimientos y preocupaciones. Sin que queden decepción, disgusto,
previsiones. Simplemente ten el corazón abierto. Nota la tranquilidad, la
calma. Cada vez que espiras te sientes más ligero. Resulta una sensación
deliciosa de confianza que te proporciona el simple hecho de estar tendidos y
dejar entrar al otro. Al relajarte, entras en el dominio de las sensaciones.
Deja que la música fluya en el interior del pecho al inspirar. Que te llene el
pecho, toda la espalda, el cuello y la garganta. Relaja la cara, especialmente
los músculos próximos a los ojos y la boca. La lengua ha de flotar dentro de la
boca sin tocar la cavidad. Notarás que se amplía el espacio interior de la
cabeza.
Al espirar, libera toda necesidad de pensar y
analizar. Siente que el espíritu se ensancha y se dilata. A medida que la
música penetra en todo el cuerpo, de los pies a la cabeza, imagina que flotas
en sus notas.
Cuanto más sensible y transparente consigas ser,
notarás con más intensidad la ausencia de forma, entrarás en una nueva realidad
en la cual hacer y no hacer son una misma cosa, donde la suavidad y la
sutilidad son expresión de tu delicadeza y vulnerabilidad. Deja que se vayan
relajando cada vez más profundamente cada parte del cuerpo, como si cada vez
que espiraras te soltaras en el aire, sabiendo que se te abrirá el paracaídas.
Puedes soltarte, te sientes seguro, y cuanto más te relajas más te irás
compenetrando con el otro.
Al notar la conexión entre la temperatura corporal
de ambos, la corriente de energía y los latidos del corazón, empezarán a
disiparse y fundirse los límites entre ambos cuerpos. Esto suele ocurrir en un
periodo de unos 15 o 20 minutos, o bien en media hora.
Podéis armonizar plenamente el ritmo respiratorio,
inspirando y espirando al unísono sin esfuerzo. También podéis hacerlo a la
inversa, cuando uno espira, el otro inspira. Intenta sintonizar con otras
dimensiones que te gustaría compartir con este ser. Recibe el corazón del otro
profunda y abiertamente. Conectar las mentes, flotar juntos hacia los
desconocidos dominios del éxtasis. Si notas que esto ocurre en tu corazón,
estas avanzando considerablemente en el sexo sublime.
Si notas que estas en una postura incómoda, no dudes
en cambiarla. Pero haciendo cualquier movimiento lenta y suavemente.
Cuando hayáis explorado la relajación en
conexión juntos y sin esfuerzo, la puedes integrar en los juegos amorosos.
Unid el pene y la vagina en una
atmósfera apacible, relajada y curativa de tranquilidad, intimidad, respeto y
amor. El hombre penetra la vagina con el pene relativamente blando. Quedaos
quietos y relajados. Con suavidad, dirigid la respiración hacia la zona
genital. Prolongad este ritual hasta que deje de resultaros cómodo y realizadlo
siempre que busquéis una comunión profunda sin penetración activa. Este
ejercicio es útil para cuando estás cansado para una relación sexual, y te
sientes cariñoso y desearías confluir. Te enseña a incorporar al acto amoroso
sentimientos de confianza y unión y fusión.
La conexión sexual es relajante y revitalizadora,
importante para mejorar las relaciones conyugales, para disminuir el insomnio,
la hipertensión, la irritabilidad, las úlceras y otras enfermedades. Esto se
debe al efecto terapéutico de las corrientes de energía bioeléctrica que la
pareja estimula mutuamente en sus cuerpos. Cuando la pareja ha estado ente 20 y
30 minutos tumbados juntos, las dos corrientes se unen y crean un campo de
energía único. Las emociones negativas como el temor, la irritación y el
resentimiento bloquean este flujo.
Al principio, la energía estimulada es posible que
fluya hacia los genitales, Si esto se produce y notas que la tensión sexual es
demasiado intensa, interrumpe los besos y caricias, permanecer inmóviles y os
relajáis en el fluir de las sensaciones internas que habéis creado en el
periodo de excitación. Deja que la energía fluya por todo el cuerpo al
relajarte en ella, centrando la respiración en ella. Cuando notes que la
energía se ha extendido os uniréis sexualmente en una postura cómoda que os
permita estar relajados. Una de las mejores posturas es la de “tijeras”, con el
hombre tumbado sobre el lado derecho.
No hace falta que el hombre tenga una erección ni
que penetre completamente en la vagina. Es suficiente con introducir la mitad
del pene. Que sea una penetración suave sin ser apremiante. Sintiéndolo como
una penetración mutua, en una fusión física y emocional, mental y espiritual.
Después continuar respirando y relajándoos juntos, extendiendo la ola de
excitación que habrá acompañado a la penetración.
Inspira, concentrándote en los genitales, el ano y
la pelvis. Espira profundamente, relajando la pelvis, las nalgas y los músculos
próximos a los genitales y al ano. Al inspirar, nota cómo fluye en tu centro
sexual la energía del otro. La música te ayudará a sentir esta sensación de
fluidez. Al espirar, nota que las sensaciones de incomodidad, ansia, dolor o
tensión (en genitales externos e internos) desparecen del cuerpo. Deja que se
relajen estas zonas y que se abran como las flores bajo el sol matutino.
Puedes practicar el bombeo del PC para realzar el
contacto de las paredes vaginales con el pene e intensificar la excitación
mutua. Entrégate a la calidez y el hormigueo que experimentas en este estadio.
Fúndete en él y conseguirás que irradie hacia tu pareja. Al relajarte es estas
sensaciones, nota que se unen los corazones, se aúna la respiración. Explora
esta forma sutil e interna de hacer el amor en que la excitación erótica se
genera por medio de pequeños movimientos realizados por los músculos genitales
internos de la mujer y los sutiles cambios en la respiración y no en el bombeo
dinámico del acto amoroso corriente.
Cuando veas la necesidad de conseguir más
estimulación, regresa a un movimiento más enérgico y a la fricción entre los
genitales, pero en lugar de ascender hacia el orgasmo, te relajas de nuevo en
plena excitación y notarás el aumento de la corriente de energía por todo el
cuerpo: en el corazón y en la cabeza al igual que en la pelvis y los genitales.
Procede de la misma forma que en la relajación en conexión, relajándoos,
uniéndoos, fusionándoos, pasando a ser un solo cuerpo, dejando que las energías
dancen su propio ritmo.
Al cabo de 20 ó 30 minutos, ambos cuerpos empezarán
a vibrar de forma espontánea. Aceptar estas vibraciones, las favoreceréis,
dejando que dancen en el interior de vuestro cuerpo. Cuando disminuya esta
danza de energía en el interior del cuerpo y en el corazón, permanecer unidos
todo el tiempo que os apetezca, incluso os podéis quedar dormidos sexualmente
unidos. Después de esto, durante unos días os sentiréis llenos de vitalidad,
relajados y radiantes.
No esperes la excitación normal, la culminación del
arrebato sexual en este ejercicio. Limítate a dejar fluir la energía a su
propio ritmo, sin interferir. Pero si experimentas un orgasmo y la eyaculación,
no detengas el ejercicio, ni te sientas culpable. Deja que se produzca el
clímax. Después seguir abrazados, disfrutando de la relajación y somnolencia
postorgásmica.
Puede que tengas la sensación de que no ocurre nada,
es un reflejo de las costumbres sexuales anteriores. Con la excitación no te
precipites hacia el acto sexual genital, se trata de una meditación, estas
aprendiendo a contener la energía orgásmica sin liberarla inmediatamente. Después de varios minutos de relajación unida
genitalmente a la otra persona, puedes notar una sacudida de energía por todo
el cuerpo, o limítate a relajarte para que resurja la sensación del cuerpo.
COITO SIN LIMITACIONES
Cuando
en semejante abrazo, en semejante comunión profunda con la amada o el amante,
tus sentidos tiemblen como hojas, entra en este temblor. Mientras estás
haciendo el amor, no permites que tu cuerpo se mueva mucho, porque si le
permites muchos movimientos a tu cuerpo, el acto sexual se extiende por todo
tu cuerpo. Puedes controlarlo cuando está confinado en el centro sexual. La
mente puede permanecer en control. Cuando se extiende por todo tu cuerpo, no
puedes controlarlo. Puede que empieces a temblar, puede que empieces a gritar,
y no podrás controlar tu cuerpo una vez que el cuerpo tome las riendas.
Especialmente,
en todo el mundo, reprimimos todos los movimientos, todo el temblor de las
mujeres. Ellas permanecen como cuerpos muertos. Les estás haciendo algo; ellas
no te están haciendo nada a ti. Son tan sólo copartícipes pasivas. Hay miedo...
Porque una vez que una mujer toma posesión de su cuerpo, es muy difícil para un
hombre satisfacerla: porque una mujer puede tener orgasmos consecutivos; un
hombre no puede tenerlos.
Temblar
es estupendo, porque cuando tiemblas en el acto sexual, la energía empieza a
fluir por todo el cuerpo, la energía vibra por todo el cuerpo. Entonces, cada
célula del cuerpo está implicada. Cada célula del cuerpo cobra vida, porque
toda célula es una célula sexual.
Cuando
todo tu cuerpo tiembla, no es sólo una unión de ti con tu amante. También,
dentro de tu cuerpo, cada célula está uniéndose con la célula opuesta. Sólo
entonces podéis uniros los dos, y entonces esa unión no es mental. Es una unión
de vuestras bioenergías.
Entra
en este temblor, y mientras estés temblando no permanezcas distante. No seas
un espectador, porque la mente es el espectador. Olvídate de todo y vuélvete
el temblor. No es que tu cuerpo esté temblando: lo estás tú, todo tu ser. Ese
momento es de gran creación. Os disolvéis como cuerpos sólidos. Os habéis
vuelto líquidos... fluyendo el uno en el otro. Tenéis una unidad.
Después
de todos los preparativos previos que os aseguren un ambiente agradable,
sensual y libre de molestias, empezar los juegos con un abrazo apasionado en el
que trasmitas a tu pareja todo tu afecto, ternura y deseo. Continuando con
caricias, besos y como no un buen masaje sensual y estimulante. Olvidaros de
cualquier preocupación o problemas de la vida cotidiana, para centrarse en
vuestro encuentro íntimo y placentero.
Este
primer juego está especialmente indicado para las mujeres que están tratando su
vaginismo, o dolor en el coito.
La
mujer tumbada, con las piernas separadas, toma la mano de su pareja y lubrifica
sus dedos para introducirse uno gradualmente en la vagina, luego, introducirá
un segundo dedo de forma relajada y sin prisas.
Cuando note que está suficientemente
dilatada y lubrificada su vagina, el hombre se sitúa sobre la mujer y esta
cogerá el pene y una vez bien lubrificado, se lo irá introduciendo lentamente
en su vagina. Cuando se sienta cómoda con el pene en su interior, permanecer
así unidos, sin moverse, durante unos minutos, mientras os besáis y acariciáis.
Luego la mujer poco a poco empezará a moverse sintiendo como el pene se desliza
dentro de su vagina. Al principio el hombre permanece quieto, dejando que sea
ella la que realice todos los movimientos.
Cuando ya te sientas cómoda y a gusto,
puedes invitar a tu pareja a moverse de manera rítmica y suave, tú vas guiando
sus movimientos colocando las manos en sus caderas, cuando te sientas confiada,
vas dejando poco a poco que él se mueva libremente, a la vez que liberas tus
propios movimientos, acompañando al ritmo de vuestro deseo.
Recordar que cada uno es el responsable
de su propio goce sensual, así que cada uno ocuparos de vuestras propias
sensaciones placenteras, sin preocuparse por conseguir ningún objetivo
específico, únicamente disfrutando de vuestro contacto íntimo hasta el punto
que cada uno pueda llegar.
Una vez podáis practicar este juego de
forma satisfactoria para ambos, lo haréis pasando por alto la fase de
introducción de los dedos en la vagina, y desde la misma posición, ella tumbada
y el hombre situado sobre ella, y cuando ya estéis suficientemente excitados,
ella coge su pene y lo introduce lentamente en la vagina.
Cuando ambos os sintáis cómodos en ese
contacto, ambos empezaréis a mover las caderas de forma rítmica y acompasada,
con los movimientos pelvianos que ya habéis practicado. Comenzar de forma
lenta, centrados en las sensaciones placenteras del deslizamiento del pene
dentro de la vagina. Mantener el contacto sensual con caricias corporales,
sintiendo el contacto de la piel de la otra persona, el olor que cada uno desprende,
la humedad y el calor de la vagina, la consistencia del pene y la
intensificación progresiva de la excitación sexual.
Según veáis que vuestros encuentros
sexuales tienen lugar con mayor seguridad y despreocupación, libres de bloqueos
e inhibiciones, utilizar la expresión verbal conjuntamente con las caricias,
palabras que resulten tan estimulantes para la otra persona como para ti mismo,
palabras que potencien el aprecio y la intimidad, palabras llenas de sinceridad
y emoción.
Si percibís la aproximación del orgasmo
y deseáis su desencadenamiento, potenciarlo tensionando la musculatura genitas
(músculos p.c.), incrementando el movimiento pélvico y el ritmos respiratorio.
Si lo sientes necesario puedes recurrir a acariciarte y estimularte tu mismo
tus zonas erógenas, para potenciar la excitación y tu propio placer. Aquí
podéis dejar que fluya vuestra tensión sexual, acompañándola de expresiones
verbales cargadas de cierta intensidad en relación con los sentimientos hacia
tu pareja. Durante el orgasmo respirar profunda e intensamente, emitiendo
sonidos o expresiones más culminantes y
sintiendo como la descarga extática se extiende por todo el cuerpo.
Pero recordar que no es preciso llegar
al orgasmo para vivir una experiencia plenamente satisfactoria. Se trata de
disfrutar de todas las sensaciones sensuales, no sólo del orgasmo, y esto se
hace sin pretensiones, sin objetivos, sin metas, simplemente abandonándose y
entregándose integralmente al goce y placer de estar compartiendo esta grata
experiencia con la persona que deseas y por la que sientes afecto.
En el caso habitual de que el orgasmo de
cada uno se desencadene en fases diferentes, quien lo tenga antes, puede
acompañar igualmente con besos y caricias que faciliten al otro llegar al su
propio orgasmo.
JUEGOS SEXUALES DE LIBRE CREACIÓN
El
sexo se vive con mayor satisfacción y resulta muy saludable, cuando podemos
expresarnos espontáneamente, sin inhibiciones, sin temores, sin necesidad de
controlar la ejecución o de estar pendientes de desarrollar un plan para el
logro de unos objetivos; cuando se puede realizar con un contacto vivo,
variado, con una comunicación tanto verbal como gestual o incluso mental con la
otra persona, con la cual podamos compartir nuestros sentimientos, gustos y
necesidades en absoluta confianza y complicidad.
Podéis
probar infinidad de caricias, juegos y posiciones coitales para descubrir nuevas sensaciones, o para
encontrar la mejor manera para cada ocasión, os puede ayudar el leer literatura
erótica de calidad o tratados sobre sexualidad, visionando películas con
brillantes escenas eróticas, y si os resulta agradable podéis utilizar material
pornográfico. Teniendo en cuenta que nunca se puede exigir o forzar a la otra
persona a realizar conductas que le resulten incómodas, siempre es mejor
experimentar con aquellas que a ambos os resulten sugerentes.
Un
método interesante es alternar en cada ocasión a que cada uno presente su
propuesta erótica, que cada vez uno sea el que toma la iniciativa en provocar
el encuentro sexual, o que cada vez uno sea el que dirija el jugueteo sexual y
el otro se deja llevar. Tratar de sorprender, desarrollar vuestra inventiva y
creatividad, comentar entre vosotros como habéis experimentados vuestros juegos
sexuales, que os a gustado y que os gustaría hacer la próxima vez.
Cuando
utilicéis material gráfico, literatura, revistas o películas; no os limitéis a
imitar o tratar de repetir las propuestas al detalle, es mucho mejor aportar
vuestro toque personal. Incluso con los juegos que aquí se presenta podéis
probar a realizar vuestras propias variaciones.
PARA AUMENTAR LA EXCITACIÓN DE LA MUJER
A no ser que puedas disfrutar, no puedes ayudar a
nadie a disfrutar. A no ser que estés realmente contento contigo mismo, no
puedes ayudar a los demás; no puedes ayudar a que otros estén contentos. A no
ser que reboses de tu propia dicha, eres un peligro para la sociedad, porque
una persona que se sacrifica, siempre se vuelve sádica. Disfruta; sé dichosa.
Y cuando estés rebosante de tu propia dicha, esa dicha les llegará también a
los demás.
¡Sé feliz! Y el acto sexual, el acto del amor, puede
ser una de las formas más profundas de lograr la dicha. El sexo puede ser una
fuente de dicha. Y una vez que conoces esa dicha, puedes seguir adelante,
porque ahora estás asentada en la realidad. No tienes que permanecer con el
sexo para siempre, pero puedes usar el sexo como un punto de partida.
En la vida humana el acto sexual es el único acto
en el que llegas a sentir una no-dualidad; en el que llegas a sentir una profundad
unidad, en el que el pasado desaparece y el futuro desaparece y sólo el
momento presente -el único momento real- permanece.
El sexo existe como una profunda posibilidad, una
gran potencialidad. iÚsalo!. Vivimos en una sociedad neurótica en la que todo
el mundo está triste. Cuando estás triste, todo el mundo se siente feliz
porque puede compadecerte. Cuando eres feliz, todo el mundo se siente confuso.
Tu felicidad no es mala; es buena. iNo es pecado! Sólo la tristeza es pecado,
sólo ser desdichado es pecado. Ser feliz es una virtud, porque una persona
feliz no creará desdicha en los demás. Sólo una persona feliz puede ser una
base para la felicidad de los demás.
Una persona que está reprimiendo el sexo es más
sexual que una persona que se está entregando a él, porque mediante la
complacencia la energía se libera. Mediante la represión, sigue ahí, entrando
en tu sistema continuamente. Una persona que reprime el sexo empieza a ver sexo
por todas partes. No es que todo sea sexual, sino que ahora él proyecta. A
cualquier parte que mire verá sexo, y como está condenándose a sí mismo,
empezará a condenar a todo el mundo.
Una vez que conoces el secreto, puedes trascenderlo,
porque, en realidad, en un profundo orgasmo sexual no es el sexo lo que te da
dicha, sino otra cosa. El sexo es sólo una situación. Otra cosa te está dando
la euforia, el éxtasis. Esa otra cosa puede ser dividida en tres elementos.
Debido a estos tres elementos, llegas a un momento de dicha en el sexo. Estos
tres son, en primer lugar, la intemporalidad: transciendes completamente el
tiempo. No hay tiempo. Te olvidas completamente del tiempo; no hay pasado, no
hay futuro. En este mismo momento, aquí y ahora, está concentrada toda la
existencia. Este momento se vuelve el único momento real.
En segundo lugar, en el sexo por primera vez pierdes
tu ego, te quedas sin ego. De modo que todos los que son muy egotistas,
siempre están en contra del sexo, porque en el sexo tienen que perder sus
egos. Ya no estás, ni tampoco el otro. Surge una nueva realidad, surge una
nueva unidad en la que los dos que había se han perdido completamente.
Y en tercer lugar, en el sexo eres natural por primera
vez. Lo irreal se pierde, los rostros, las fachadas se pierden; la sociedad,
la cultura, la civilización, se pierde. Formas parte de la naturaleza.
Simplemente estás flotando: eres llevado por la corriente.
Estas tres cosas te proporcionan el éxtasis. El sexo
es sólo una situación en la que sucede naturalmente. Una vez que conoces y una
vez que puedes sentir estos elementos, puedes crear estos elementos
independientemente del sexo.
Si tu acto sexual es para desahogarte; es
simplemente como soltar un buen estornudo. Sueltas la energía y te sientes
aliviado. Es destructivo, no es creativo. Es bueno..., terapéutico. Te ayuda a
estar relajado, pero nada más.
El acto sexual no es para desahogarse, no es para
soltar energía. Es para permanecer en el acto sin eyaculación, sin soltar
energía; para permanecer en el acto fundido...; en la parte inicial del acto,
no en la parte final. Esto cambia la cualidad; entonces la cualidad entera es
diferente.
Hay dos tipos de clímax, dos tipos de orgasmo. Un
tipo de orgasmo es conocido. Llegas a una cima de excitación, y no puedes ir
más allá: ha llegado el final. La excitación alcanza un punto en que deja de
ser voluntaria. La energía salta en ti y sale. Te liberas de ella, quedas
aliviado. Sueltas la carga; te relajas y te duermes. Éste es un tipo de
orgasmo: llegar a la cumbre de la excitación.
Si llamamos al primer tipo «orgasmo cumbre», al otro
tipo de orgasmo lo puedes llamar «orgasmo valle». En él no estás llegando a la
cumbre de la excitación, sino al valle más profundo de la relajación. Los dos
tienen que usar la excitación al principio. Por eso digo que al principio ambos
son iguales, pero al final son totalmente diferentes. Los dos tipos tienen que
usar la excitación: o vas hacia la cumbre de la excitación o al valle de la
relajación. Para el primero, la excitación tiene que ser intensa: cada vez más
intensa. Tiene que seguir aumentando; tienes que ayudarla a que vaya creciendo
hacia la cumbre. En el segundo, sólo hay excitación al principio. Y una vez que
el hombre ha entrado, tanto el amante como la amada pueden relajarse.
No es necesario ningún movimiento. Pueden relajarse
en un abrazo amoroso. Cuando el hombre o la mujer sienten que la erección se va
a perder, sólo entonces se requiere un poco de movimiento y de excitación. Pero
luego relájate otra vez. Puedes prolongar este abrazo profundo durante horas
sin eyaculación, y luego los dos podéis dormiros profundamente, juntos. Esto
-esto- es un orgasmo valle. Los dos están relajados, y se unen como dos seres
relajados.
Cuando estás en un profundo abrazo con la persona
que amas, puedes olvidarte del otro. Sólo entonces te olvidas del otro. Un
hombre olvida que existe la mujer; una mujer olvida que existe el hombre. Sólo
en un abrazo profundo el otro deja de existir, y cuando el otro deja de
existir, tu energía puede fluir fácilmente.
En el sexo, estás relajándote en él, no
controlándolo. Si lo estás controlando, no habrá relajación. Si lo estás
controlando, tarde o temprano tendrás prisa por acabar, porque el control es un
esfuerzo. Y todo esfuerzo crea tensión, y la tensión crea una exigencia, una
necesidad de desahogo. Simplemente no tienes prisa, porque el sexo no está
sucediendo para llegar a alguna parte. Es sólo un juego; no hay una meta. No
hay que lograr nada.
Pero un
hombre que siempre, en todo acto, está presente totalmente... Si tienes prisa
en todo, también tendrás prisa en el acto sexual, porque tú estarás presente.
Una persona que sea muy consciente del tiempo, también tendrá prisa en el acto
sexual: como si estuviese perdiendo el tiempo. No puede haber sexo instantáneo.
No es un trabajo y no es algo que puedas acelerar. Con la prisa lo destruirás;
te perderás toda la oportunidad. Disfrútalo, porque mediante el sexo se puede
sentir una intemporalidad. Si tienes prisa, entonces la intemporalidad no se
puede sentir.
Esta
ausencia de prisa es básica para crear el valle; de otra forma se creará la
cumbre. Y cuando se dice esto, no significa que tengas que controlar. No tienes
que controlar tu excitación, si la controlas, estás creando una excitación
doble. ¡Relájate! Tómalo como un juego; no lo concluyas.
Durante el acto, cierra los ojos. Siente el cuerpo
del otro, siente la energía del otro fluyendo hacia ti y fúndete con ella,
disuélvete en ella. Puede que el viejo hábito persista durante unos pocos días;
luego se irá. Pero no lo fuerces a que se vaya. Simplemente sigue relajándote,
relajándote, relajándote, y si no hay eyaculación no pienses que algo ha ido
mal. Simplemente relájate.
Cuando hablo del «acto sexual» parece que necesitas
un esfuerzo. iNo lo necesitas! Simplemente empieza a jugar con tu amada o tu
amante. Sentías mutuamente, sed sensibles el uno al otro, igual que niños
pequeños jugando o perros jugando, animales jugando. Sigue jugando, y no
pienses en el acto sexual en absoluto. Si piensas en ello, ya te estás
adelantando a ti mismo; estás jugando con la persona a la que amas, pero estás
pensando en el acto sexual. Entonces el juego es falso. No estás aquí, y la
mente está en el futuro.
Como primer paso para alcanzar el orgasmo,
familiarízate con tu propia anatomía sexual y con aquello que te resulta
excitante. Explora las distintas áreas de todo tu cuerpo así como las de tu
vagina, interna y externamente. Averigua en qué puntos responde tu cuerpo al
tacto y cómo reacciona ante diferentes tipos de caricias. Utiliza un vibrador
para estimular tu punto G, utiliza tu músculo PC para llevar a cabo
contracciones y relajaciones rítmicas. Si eres capaz de darte placer a ti misma
será más fácil que ayudes a tu pareja a hacer que lo sientas.
Si respondes bien ante la estimulación del clítoris
no tengas miedo de practicarla al hacer el amor y ajusta tu postura para que
aumente. O muéstrale a tu pareja cómo tocarte ahí. La estimulación simultánea
de pezón y clítoris o de clítoris y punto G con manos, boca o pene puede ayudar
a aumentar la excitación.
El órgano sexual más grande, tanto en hombres como
en mujeres, es la mente, y por lo tanto es esencial que creas que eres capaz de
experimentar un placer intenso. Estimula tu ser sensual creando el estado de
ánimo y el ambiente necesarios con velas, música, o cualquier cosa que te
excite. Prueba distintos lugares y horas del día. Explora y experimenta con
literatura, fotografías o películas eróticas. Tu imaginación siempre ayudará a
aumentar tu deseo y excitación.
Di con claridad lo que te gusta y lo que te da
placer, y dale las gracias a tu pareja cuando haga lo que deseas. Si te gusta
que te froten, aprieten o masajeen en el clítoris, díselo a tu pareja. Si te
gusta que tu pareja te susurre al oído, o que te den azotitos en las nalgas, o
que te chupen los dedos de las manos o los pies, cualquier cosa que te excite,
atrévete a pedirlo.
Si quieres lubricarte para aumentar la sensación,
utiliza tu propia saliva o la de tu pareja, o aceite lubrificante.
La respiración también puede ser un gran recurso
para aumentar la excitación. Realiza respiraciones rítmicas y profundas, sin
forzarte, para abrir tu pecho y vientre. Emitir sonidos es otra manera efectiva
de aumentar los niveles de energía sexual.
No tengas miedo de tocarte frente a tu pareja. Si te
estimulas a ti misma, no sólo le resultará educativo, sino que también puede
ser muy excitante.
El jugueteo es una técnica que puedes utilizar, ya
sea contigo misma o con tu pareja. Cuando alcances el punto de deseo moderado detén
la estimulación hasta que la excitación disminuya (pero no dejes que
desaparezca por completo) y después aumenta la estimulación de nuevo y detente
otra vez. Repite esto aumentando lentamente cada vez la intensidad de tu placer
y expectación. Si experimentas un orgasmo tu energía sexual se encontrará en
alto; y si después continúas la estimulación es posible que consigas alcanzar
otro orgasmo, con este mismo método de estimular y detenerte. Tu pareja también
puede provocarte colocando su pene en la entrada de tu vagina, moviéndose
lentamente hacia la penetración y deteniéndose en posiciones que estimulen el
punto G.
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