Consulta de psicología y sexología

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viernes, 7 de marzo de 2014

ESTIMULACION SENSUAL POR LA PAREJA

Una sexualidad saludable aúna la capacidad de abandonarse uno mismo a los propios gustos y placeres, como la habilidad para compartir la experiencia sexual y afectiva con otra persona. El placer sexual es responsabilidad de cada uno consigo mismo. Y sabiendo disfrutar uno mismo de la sexualidad es cuando podemos compartirlo con la pareja. Así que se trata de dar y recibir al a la vez para facilitar una mayor mutualidad en la relación de pareja. Ahora se potenciará la sexualidad con masajes sensuales y sexuales, los cuales requieren centrarse sobre uno mismo, y así facilitar la excitación sexual.
Adecuar vuestro espacio y acomodaros empezando con cinco minutos de fantasía sensual acompañada de un masaje de cada uno al otro. Comienza ella acariciándole sus zonas sensuales desde la cabeza hasta los muslos (sin pasar por la zona genital). Mientras tanto, él se relajará y desarrollará su fantasía sexual, a la vez que sigue las sensaciones táctiles que ella le produce. A los cinco minutos cambian los papeles y él acaricia el cuerpo de ella mientras desarrolla mental mente sus fantasías eróticas durante cinco minutos más.
De nuevo el hombre pasa a ser el receptor y se relajará mientras ella le acaricia directamente los genitales durante otros cinco minutos. Le acaricia juguetonamente los testículos y el pene, mientras él con los ojos cerrados se relaja con una imagen sensual. Después de tiempo indicado él hace lo mismo a ella que igualmente con los ojos cerrados y siguiendo su propia fantasía disfruta de las caricias de su compañero sobre sus genitales.
En el momento que cada uno siente llegar su orgasmo, potenciarlo con movimientos más vigorosos e incrementando el ritmo respiratorio, olvidándose completamente de la presencia de la persona que le está masajeando. Lo importante hayáis tenido o no orgasmo, es poder disfrutar de las placenteras sensaciones táctiles que tu pareja te está proporcionando.
Después de haber realizado ambos este juego, podéis compartir entre vosotros la experiencia vivida, comentado vuestras sensaciones, lo que más os ha gustado y las imágenes que habéis desarrollado en vuestra fantasías.
En la siguiente ocasión, continuaremos con los masajes acompañados de la visualización de las fantasías individuales. A su vez hay que mantener la comunicación durante todo el juego y continuando después del mismo.
Situados cómodamente dentro de vuestro espacio íntimo adecuado previamente, empezaréis el juego con la ropa puesta, durante cinco minutos juguetear dando y recibiendo carias, abrazos y besos, tocando todo el cuerpo empezando en la cabeza y siguiendo progresiva y lentamente hacia los genitales.
Luego de esto os desnudáis el uno al otro y os acomodáis en la cama o sobre una colchoneta, os hacéis un masaje el uno al otro mientras que el receptor se recrea en sus fantasías sexuales. Comienza la mujer acariciando progresivamente las zonas sensuales de la pareja desde la cabeza hasta los muslos, pero sin pasar por los genitales; él se relaja y disfruta de sus fantasías sexuales, siguiendo el tacto de los dedos de ella sobre su cuerpo, así durante cinco minutos. Luego se invierten los papeles y será ella la que recibirá el masaje sensual, mientras disfruta de sus fantasías, cinco minutos más.
Luego de nuevo el se tumba y recibe los masajes ya directamente sobre la zona genital durante otros cinco minutos. Ella se cubrirá las manos con aceite para masaje y le acariciará suavemente, jugueteando con los testículos y el pene; él permanece con los ojos cerrados, relajándose con su visualización erótica. Posteriormente, durante otros cinco minutos, será la mujer la que recibirá el masaje erótico.
Y aunque no se busca específicamente ninguna respuesta sexuales, si alguno se siente cerca del orgasmo, puede perderse en las agradables sensaciones, sin preocuparse por la presencia de la otra persona. Haya o no orgasmo, relájate y goza de las agradables caricias.
Posteriormente dedicar unos diez minutos a compartir la experiencia y fantasías vividas durante la estimulación.

En una siguiente ocasión, podéis hacer de nuevo estos juegos utilizando la información que habéis compartido sobre vuestras fantaseas, efectuando a tu pareja las cosas agradables que sentía o incluso verbalizando palabras relacionadas con la fantasía que visualizó, para así incrementarle la excitación sexual que aquello le proporcionaba. Y el en caso de que se desencadene el orgasmo, esto os permitirá potenciar mentalmente vuestras propias fantasías sexuales.

PROPORCIONAR PLACER A LA PAREJA

Crear el entorno adecuado, sensual, erótico. Dedicar unos 45 o 60 minutos al ejercicio, Decidir el orden de actuación. Comenzar con una salutación sincera y un abrazo de fusión.
Uno proporciona placer al otro siguiendo las pautas de autoestimulación que ha observado en su pareja en los ejercicios anteriores, primero con las caricias sensuales por todo el cuerpo y luego pasando a las de mayor intensidad erótica en los genitales, excitándole sexualmente y llevándole al borde del orgasmo tres veces. Podéis utilizar lubrificante líquido para facilitar las sensaciones placenteras. El receptor dejará que el otro le acaricie y estimule sexualmente, centrado en la respiración y en los movimientos de su pelvis. Puedes comentar o insinuar si te apetece que cambie de tipo de caricias o la intensidad de las mismas. Ha de conseguir retener el orgasmo por tres veces y en la cuarta dejarlo fluir. Cuando llegues al punto culminante contrae el músculo PC, inspira profundamente, traslada la energía al centro del corazón a través del canal energético central, contén el aliento unos segundos para relajarte posteriormente y conducirla hacia los genitales al espirar.
Quien está realizando las carias, cuando note que el receptor está al borde del orgasmo, detén toda estimulación y, con la mano, le recorres el cuerpo desde los genitales hasta el corazón o, si lo consideras conveniente, hasta la cabeza. De este modo le ayudarás a conducir la energía hacia arriba. Ambos habéis de estar vigilantes y mostrándoos sensibles, ya que en este ejercicio es fácil pasar rápidamente el umbral de la excitación y llegar al orgasmo y la liberación.
Si necesitas de una señal para retrasar su orgasmo, el receptor te la puede dar con una palabra o con un toque acordado previamente. Y así comprenderás que ha llegado el momento de detener la estimulación y, si es necesario, de presionar el perineo del compañero con los dedos de una mano para evitarle el orgasmo. Continuar dirigiendo la energía hacia el corazón y hacia la cabeza con la otra mano. Luego, en la espiración, volvemos a situar la mano en los genitales. Cuando haya cesado la necesidad de la descarga orgásmica y antes de perder totalmente un cierto nivel de tensión sexual, reiniciar la estimulación hasta la nueva sensación orgásmica.
Si en algún momento cualquiera de los dos no puede impedir el orgasmo, no hay que preocuparse, sólo desfruta de la experiencia, pues con la práctica obtendréis los resultados deseados.
Mientras proporcionas placer a tu pareja, has de estar atento a cualquier orientación que te dé. Hasta que logréis familiarizaos con el cuerpo  y las preferencias del otro. El receptor te ha de orientar lo más detalladamente posible sobre lo que le produce placer, explicando exactamente lo que le gusta, como le gusta y sobre todo animarte, en cuanto que tus caricias surten efecto, a continuar el mismo ritmo de forma regular e ininterrumpida un mínimo de dos a cinco minutos, para tener tiempo de conseguir un punto álgido de excitación. Disfrutar de la experiencia por turnos, eligiendo quién comienza recibiendo y quién dando placer.
Sobre la excitación de la mujer:
Una posición cómoda para la mujer, puede ser tumbarse apoyando la cabeza y la espalda en unos cojines, las piernas separadas, el hombre sentado entre ellas. Las piernas del hombre pueden estar extendidas o cruzadas. Las piernas de la mujer pueden estas flexionadas, con las rodillas hacia arriba y los muslos apoyados en los del hombre. Que tenga libertad para cambiar de posición cuando lo desee.
La mayoría de mujeres precisan un toque muy suave, parecido al de una pluma, para empezar y desean una delicada estimulación en todo el cuerpo y en la zona pelviana antes de dirigirse a los genitales. Podéis utilizar aceites de masaje y lubricantes en toda la zona genital, incluyendo perineo y ano.
A muchas mujeres estas sesiones les pueden producir temor, por considerar el placer como algo propio. Ponerse en manos de otro requiere confianza; y esta se consigue con unas tiernas caricias, con humor, paciencia y palabras dulces. Podéis susurrarle al oído, pidiendo orientación sobre sus secretos íntimos, para aprender a llevarla al éxtasis. Excítale y hazle cosquillas alrededor de la vagina, estirando el vello púbico, acariciando los labios mayores y menores, describiendo círculos que se acerquen cada vez más al clítoris. Toca el clítoris con suavidad, Tomate el tiempo necesario para abrir los labios y contemplar de cerca esta flor de placer. Avanza poco a poco con paciencia y dedicación.
Recuerda las caricias con que se complacía a sí misma y las repites. Estate atento a sus observaciones, acepta la idea de que al principio te has de dejar llevar por el acierto/error. Cuando notes que algo funciona, lo repites para que ella pueda asimilarlo, relajarse e integrarlo. Sin variar demasiado deprisa las caricias. Busca una caricia básica que la complazca en extremo. Perseverando en la estimulación. Efectúa entre diez y veinte caricias con una cadencia estimulante, pero regular, que le ayudarán a aumentar la excitación. Seguidamente, aminora el ritmo durante unos segundos, pasando a otro tipo de caricia y empiezas de nuevo.
Al aumentar la excitación de la mujer, los labios vaginales y el clítoris se hincharán, quedarán saturados con el aumento de riego sanguíneo y se volverán de un color más oscuro. Los músculos pelvianos se contraerán; los dedos de pies y manos se separarán y se arquearán; el torso o la pelvis se arquearán hacia los dedos, reclamando la necesidad de una estimulación más fuerte.
A partir de aquí, puedes meter el dedo índice y el corazón de una mano en la vagina, mientras estimulas el clítoris con la otra, simulando la penetración al hacer el amor. También puedes acariciar el punto G de forma continua y regular. Al estimularlo, aumenta y se pone más duro que los suaves tejidos de las paredes de la vagina. Continúa con diez-quince caricias de estimulación del clítoris y el punto G, seguidas de una pausa.
Las mujeres receptivas, en este punto deberían practicar el bombeo del PC de forma activa y enérgica para incrementar la excitación y alcanzar los máximos niveles., Concentrándose totalmente en las sensaciones de excitación pelviano-genitales. Al inspirar, hay que dirigir los dedos del amante a la vagina, a la vez que contraes los músculos vaginales. Al espirar, relajas los músculos vaginales y abres la vagina. Mantén un ritmo regular.
En este punto, muchas mujeres tienden a perder el control, se agitan, y manifiestan un deseo intenso de conseguir el orgasmo final. Es comprensible, pero es preferible contenerlo, sin llegar al punto sin retorno. Se trata de acumular la deliciosa energía de la excitación, por tanto hay que decir “¡Basta!”. Y con una inspiración fuerte, rápida y profunda, impulsa la energía hacia el corazón o el tercer ojo mientras cierras la puerta inferior.
El hombre pude ayudarte a dirigir de nuevo la energía presionándote en el perineo con dos dedos de una mano o bien haciendo presión con la palma de la mano contra la vagina, mientras te acaricia con firmeza y suavidad hacia arriba con la otra mano. Él seguirá tu inspiración recorriéndote la parte frontal del cuerpo, partiendo del hueso púbico, hacia el ombligo, el pecho, hasta llegar a la parte superior de la cabeza.
 Al final de la inspiración, estira suavemente el pelo de ella, de las raíces a las puntas. Esto da más relieve al movimiento ascendente de la energía. Hay que detener el movimiento unos segundos mientras ella retiene la energía. Cuando se nota que se ha conseguido ambos experimentaréis la sensación de un avión que despega: tranquilidad, silencio, expansión y luz.
Cuando ella empieza a espirar, la mano de él reseguirá su cuerpo en sentido descendente desde la parte superior de la cabeza a los genitales. Hay que asegurarse que las caricias sigan exactamente el movimiento hacia arriba y hacia debajo de la respiración. El puede acompasar su respiración a la de ella, inspirando profundamente, reteniendo y espirando al unísono, logrando así más fuerza y amplitud a la experiencia.
Si ella se desanima, hay que ayudarla. Para la estimulación; hacer una pausa; ofrécele un vaso de agua, zumo de fruta, o champán; anímala con todo cariño. Procurar no abandona, y después de la pausa, insiste con dulzura en la continuación.
Otra forma de ayudarle, es hacerle comprender que intensifique el ritmo respiratorio y que concentre su atención en las sensaciones corporales mientras aumentas e intensificas la estimulación. Cada persona reacciona de una forma distinta, por lo que no hay que imponer las propias normas o la opinión que pudieras tener sobre cómo debería reaccionar la otra persona.
Sobre la excitación del hombre:
Has de tener en cuenta que la mayoría de hombres precisan una estimulación directa, enérgica e intensa del pene para conseguir la erección, no siempre tiene una erección inmediata. Has de decirle que especifique qué desea y de qué forma. Has de apoyarle y animarle si tiene temores al ponerse en tus manos, al no llevar la iniciativa. Los hombres piensan mucho en su papel en el juego sexual. Haz todo lo posible para desdramatizar la situación, haciendo muecas, bromas, hacerle reír mientras le estimulas. Para que responda, has de cogerle por sorpresa, distraerlo con el sentido de humor mientras estimulas el pene con rapidez, presión enérgica y caricias intensas. Demuéstrale que llevas la iniciativa, que sabes lo que haces y confía plenamente en tu capacidad.
Utiliza lubricante en ambas manos y le estimulas toda la zona genital y anal. Al principio, presionando intensa y lentamente la base del pene hacia arriba y hacia abajo. Sigue así hasta conseguir la erección, incorporando poco a poco las caricias que él prefiera, las que hayas observado durante las fases previas, Experimenta. Si no estás segura, le preguntas y sigue comunicándote cobre lo que le proporciona placer. Cuando haya conseguido una erección total y firme, trabaja para mantenerla un mínimo de diez minutos. Cuando él se haya relajado en este estado de excitación sexual, puedes alternar la atención entre el pene y la estimulación de toda la zona: escroto, ano, pubis, vientre y resto del cuerpo.
Cuando esté a punto de eyacular, los testículos se desplazaran ligeramente contra el cuerpo, las nalgas y piernas se pondrán tensos, los músculos pelvianos se contraerán. Observa atentamente estos signos de excitación intensa y está atenta cuando te diga “¡para!”.
Le ayudas a controlar el impulso a eyacular, a retener la energía y a dirigirla hacia arriba. Cuando él asuma el control descrito: inspirar profundamente y comprimir los músculos PC, le ayudas presionando intensamente el perineo en un único y firme movimiento.
Con la mano libre, acaricia suavemente la parte frontal del cuerpo, desde los genitales hasta el extremo superior de la cabeza. Finaliza estas caricias estirando ligeramente las raíces del pelo alrededor de la coronilla. Mantener esta posición durante el tiempo que él contenga el aliento. Seguidamente relaja la presión sobre el perineo y recorre su cuerpo con la mano descendiendo al espirar.
Ambos miembros de la pareja:
Cuando el receptor ha conseguido el placer y ha llegado al borde del orgasmo tres veces, puedes completar el ejercicio proporcionándole una liberación orgásmica completa. Esto aumentará muchísimo su capacidad para gozar del placer. Le puedes preguntar si está a punto para el momento final: Luego, al estimularle, le susurraremos palabras de ánimo para dejarse llevar plenamente por el placer.
Después, descansar durante 15 minutos, os compenetrareis con la experiencia y la compartís. Hablando de los momentos difíciles, de los más placenteros, comunicándoos con cariño y afecto. Finalizando cada mitad del ejercicio con una salutación sincera y un abrazo de fusión. 
Al finalizar la inspiración, tras retener el aire, no expulsarlo enérgicamente, hacerlo despacio para poder conducir mentalmente el flujo de energía.
Al aproximarse a la sensación orgásmica, no contener la respiración, ya que aumenta la tensión, y por lo tanto desencadenar el orgasmo, recordar respirar profundamente y permaneciendo en silencio en este punto.
Puede que en el punto álgido del placer, sientas que estas recibiendo las caricias, ritmo o velocidad adecuadas, pero tu pareja ha cambiado de tipo de caricia al no haberle precisado qué es lo que te hace sentir mejor. Para ello conviene que le comuniques el placer de estos momentos, para hacerle saber que continúe haciéndolo de esa manera.
Recuerda utilizar las tres claves: respiración, movimiento y sonido. De esta manera el receptor puede expresar lo que siente y comunicar al que masajea que sus movimientos surten efecto. Mediante sonidos como aullidos, quejidos o ronroneos ayudarás a hacer descender la energía hacia el vientre.

Es importante no disimular, hay que ser sinceros y honestos. Si algo va mal, hay que decirlo. Si aparecen sensaciones negativas de impaciencia, frustración, duda, aburrimiento o fatiga; no debes concederle una importancia excesiva, relájate, tómatelo con tranquilidad.

MASAJE ERÓTICO

El masaje es quizá la mejor y más sencilla forma de relajar el cuerpo. Establece una profunda comunicación entre los cuerpos de las personas, respondiendo así a la necesidad más básica de las relaciones interpersonales como es el intercambio de afecto. 
El ambiente debe ser relajante y distendido, con iluminación suave, temperatura cálida y sonido ambiental sin estridencias. Ambos participantes deben estar totalmente desnudos y haber establecido una unión sentimental aunque no sea imprescindible que lo consideren amor.
Para dar un buen masaje sexual hace falta tener sensualidad y ligereza natural, se va mejorando la técnica y aprendiendo a no agarrar, pellizcar, hacer daño ni irritar. El comienzo es suave y aumenta progresivamente en intensidad, presión y frecuencia. Puede aplicarse con las manos, los dedos, los labios o incluso con todo el cuerpo, y es imprescindible que se disponga de suficiente tiempo para permitir un acercamiento relajado y sin presiones.
El masaje sexual debe establecer un equilibrio entre los dos lados del cuerpo, evitando que la estimulación de uno de ellos deje al otro a la espera de su parte. De lo contrario, el cerebro recibe una señal diferente de las dos mitades del cuerpo.  
La parte del cuerpo que se suele olvidar más a menudo es la zona de la rabadilla y las nalgas, que es sumamente erógena. Se puede acariciar el cuello, la espalda, las nalgas, la rabadilla (que en el hombre produce una erección casi inmediata). El masaje no debe considerarse como la única actividad precursora del coito, puede combinarse con otras, por ejemplo con la propia penetración.
Para hacer que tu masaje erótico sea realmente especial, conviértelo en un ritual energético. Al comenzar, utiliza los dedos índices y medio de la mano izquierda para tocar la cabeza, frente, ojos, garganta, lóbulos del oído, pechos, antebrazos, corazón, ombligo, muslos, genitales y pies de tu pareja. El contacto cargará estos sitios con la energía vital de transformación.
Frota las manos para calentarlas, luego colócalas sobre la cabeza o los pies de tu pareja. Armoniza tu respiración con la de tu amante y recuerda usar el control respiratorio para ayudarte con la concentración, Inhala profundamente, mantén la respiración sin tensar el cuerpo durante uno o dos segundos y después exhala por completo. La clave es canalizar energía de todo tu cuerpo y visualizar cómo esta energía surge a través de las puntas de tus dedos. Ten en mente que el contacto tiene un gran potencial tanto curativo como vital.
El límite del masaje en la vía de progreso hacia el coito, dependerá de la compañía y del lugar donde se esté. Es la forma más agradable y sutil de introducción en la vía sensorial y un medio excelente para aprender a aceptar el propio cuero y el de los demás. En algunos casos el masaje sexual es aceptado mejor con los ojos vendados.
Acaricia larga y suavemente con la palma de la mano la espalda hasta las nalgas, aprieta la piel de las nalgas y continua bajando por los muslos, con la punta de los dedos y ligeramente, para despertar la pasión.
La pareja tendida boca arriba y relajada. Arrodíllate a un lado, a la altura de su pecho. Sostén su brazo ligeramente en alto, con suavidad, acarícialo. Respira profunda y tranquilamente. Masajea suavemente el brazo desde la muñeca hasta los hombros, a medida que te acercas a la parte superior, ábrelas manos y haz el masaje con más intensidad. Después, acaricia suavemente el interior de las muñecas. Coloca su antebrazo hacia fuera y dale un masaje con la punta de los pulgares, con movimientos circulares, le provocará un estremecimiento de placer en la espalda. Después, sacude su brazo y extiéndelo suavemente debajo de su cabeza. Arrodíllate detrás y estíralo con suavidad. Ahora, fricciona de arriba abajo con ambas manos. Coges su mano y ciérrala sobre tu mano izquierda. Con tu mano derecha, haz un suave masaje en sus tendones. Recorre sus surcos con el pulgar. Termina acariciándole el dorso de la mano dibujando pequeños círculos con tus pulgares. Haz lo mismo con el otro brazo.
Liberar emociones: para comprobar si tu pareja está relajada acaríciale el abdomen. Si los sentimientos están reprimidos se produce opresión y rigidez en el estómago y vientre. Acércate a su vientre con cuidado, envuélvelo cariñosamente con ambas manos, y acarícialo en círculos. Para que tu pareja esté cómoda, coloca un cojín bajo la curva de sus rodillas para que la espalda descanse totalmente plana. Realiza los círculos en sentido de las agujas del reloj. Empieza con círculos pequeños alrededor del ombligo y ve haciendo círculos cada vez más grandes hasta llegar bajo de las costillas. Párate un momento. Da tiempo a tu pareja para que respire y mírale a los ojos.
Realiza masajes trasversales en el abdomen, de uno a otro lado, con la palma y el dorso de las manos. Masajea la cintura con más energía para no hacer cosquillas. Produce una agradable sensación de bienestar, mejora el riego sanguíneo y estimula el flujo linfático. Después, fricciona de nuevo el abdomen con la palma de la mano y el dorso de los mansos, con movimientos largos y tranquilos, para favorecer las nuevas sensaciones.
Situado detrás de tu pareja, que está tendida boca arriba, inicia el masaje pectoral. Coloca ambas manos sobre el abdomen de tu pareja. Fricciónalo suavemente, pasa por el tórax y, subiendo entre los pezones hasta llegar a la base del cuello, separa las manos en la clavícula. Estos movimientos producen un agradable hormigueo en la zona del plexo solar. Empieza a dar un masaje en dirección de los hombros. Desliza las manos por los costados del cuerpo hasta la cintura. Repite el proceso hacia arriba, tantas veces como deseéis. Cuando tengáis suficiente calidez, deja que tus dedos extendidos formen pequeños círculos con la punta de los dedos en toda la zona comprendida entre la clavícula y la base del pecho. Forma círculos cada vez más grandes, hasta que incluyan también los hombros. Fricciona entonces desde el centro del pecho con movimientos amplios y planos hasta llegar a la base de los hombros. Después, retrocede suavemente otra vez hasta el centro del pecho.
Tus movimientos han de ser rítmicos y regulares. Tus manos se han de adaptar al contorno del cuerpo. Sigue acariciando su pecho. No pases por alto los pezones. En los senos de la mujer la presión ha de ser suave, en los hombres se puede hacer más presión. Formar círculos en forma de ocho alrededor del pecho produce un placer especial. Empieza con la mano derecha por debajo del pecho izquierdo con la palma de la mano. Acaricia la parte central, entre los pezones, dirigiéndote al pecho derecho. Cuando termines, sigue con la mano izquierda. Acaricia la zona que va desde las axilas hasta la cintura. Después, pellizca sus costados. Sube de nuevo hasta las axilas, levanta suavemente la parte superior del cuerpo de tu pareja haciendo que estire la cabeza hacia atrás, y permanece en esa posición unos segundos, esto produce una agradable sensación de libertas e ingravidez.
Ahora, tu pareja debe colocarse boca abajo. Úntate las manos con abundante aceite y empieza con fricciones amplias, desde los tobillos hasta arriba. Envuelve con ambas manos las pantorrillas y los muslos de tu pareja. Después, fricciona de nuevo hasta los talones. Arrodillaste junto a las nalgas de tu pareja. Aplícale un masaje enérgico, dándole golpecitos con el centro de las manos y palmadas. Desliza las manos desde el centro hasta los costados. Fricciona la cintura con movimientos amplios, de un lado al otro.  Traza pequeños círculos desde la cintura a las caderas y amasa cada centímetro de esa zona con los pulgares y los índices. Como final relajante, fricciona rítmica y suavemente desde la zona de los riñones hasta los costados.
Siéntate con las piernas separadas por encima de las suyas. Empuja con presión la espalda de tu pareja hasta arriba. El masaje ha de ser enérgico y con fuerza, con las palmas de las manos bien abiertas, empezando en el cóccix y llegando hasta las vértebras del cuello. Trabajando toda la espalda. Pulsa cada una de las vértebras de la columna. Si lo haces colocando una mano encima de la otra es mucha más fácil controlar el punto óptimo de presión. Cuando bajas por la espalda, deja que tus manos se deslicen con suavidad, con las muñecas hacia fuera, fricciona los omóplatos, desde la mitad de la espalda hasta los hombros, dibujando una especie de arco. Sigue hasta la nuca y el cuello. Forma ahora círculos con las palmas de las manos encima de los omóplatos, Inicia así un viaje de descubrimiento  mediante las yemas de los dedos. Con la punta de los dedos, y muy suavemente, traza ondas en la espalda, cuanto más rítmicamente lo hagas será más grato. Empieza por la nuca y los hombros, sigue por toda la espalda hasta las nalgas.
Siente el calor del cuerpo de tu pareja en tus manos. Puedes añadir tu aliento, una pluma, tu pelo, tus labios, tu lengua o tu cuerpo entero. Y pasa por todas las partes: pezones, muslos y genitales. Luego podéis cambiar de receptor a masajista, o podéis relajaos juntos sintiendo la respiración acompasada, o seguir con juegos más estrictamente sexuales.
Masaje oral:
Explora, lame y besa cada parte del cuerpo de tu amante: la piel entre los dedos, el pliegue del codo, las axilas, la parte trasera de las rodillas, las plantas de los pies. Utiliza tus dedos al igual que tus labios y lengua para explorar la boca de tu pareja. Mira sus ojos o mantén los tuyos cerrados para enfatizar, agudizar y afilar tu sentido del tacto. Explora su cuerpo entero antes de pasar a los genitales.
Experimentar con las distintas temperaturas bucales al besaros, lameros y chuparos mutuamente. Alternad cubitos de hielo y líquido caliente en la boca para crear excitantes sensaciones. Otra técnica efectiva consiste en colocar una sola gota de menta en la lengua. Lame con ella el pene o la vagina de tu pareja para provocarle un excitante cosquilleo.
Masaje de cuerpo entero:
Consiste en dar masaje con todo el cuerpo sobre el cuerpo de otra persona, de modo que la persona que lo recibe sea frotada por todas partes por quien lo ofrece. Ambos cuerpos han de lubrificarse con aceite o espuma de jabón. Quien da el masaje se acuesta encima y utiliza distintas partes de su cuerpo para masajear, estimular y vigorizar el cuerpo del otro. Se utilizan codos, rodillas, muslos, pechos, barbilla, frente, pies y demás partes del cuerpo. Este tipo de masaje resulta sensual en extremo para ambos compañeros y puede ser un maravilloso preludio para hacer el amor; puede practicarse por sí mismo, como un acto de servicio amoroso.
Masaje del pene:
Al masajear el pene de tu amante no es necesario que tenga una erección para que lo disfrute. De hecho, algunas de las caricias se aprecian mejor cuando el pene está suave. El principio básico del masaje de pene consiste en disminuir el ritmo, detenerse o cambiar lo que estés haciendo antes de que la eyaculación sea inevitable. La mejor forma de lograr esto consiste en que el hombre haga una señal antes de llegar a este punto.
Aunque retrasar la eyaculación es deseable para llevar el placer al máximo, a muchos les gusta terminar el masaje con una eyaculación, pues ofrece un considerable chispazo de placer. Pero también puede dejar fatigado al hombre para disfrutar el resto de la experiencia, o sin la energía suficiente para masajear a su amante. Los amantes de sexos opuestos que deseen terminar el masaje genital con eyaculación pueden ofrecer primero su masaje a la mujer.
A menos que él indique algo distinto, se puede asumir; sin riesgos, que una caricia firme y consistente será más placentera. Comienza con tu amante acostado sobre su espalda y desnudo y tú colocada a su lado cómodamente; descansa la palma de tu mano izquierda sobre su frente y los dedos en la parte superior de la cabeza. Coloca tu mano derecha sobre su área pelviana con la palma cubriendo el escroto.
Masaje de la vagina:
Ofrécele a tu amante un masaje de la vagina como regalo sensual, sin obligación de hacer el amor al finalizar. Lo principal en este tipo de masaje es que ella se sienta libre de tener todos los orgasmos que desee. Como las mujeres pueden, en ocasiones, disfrutar la estimulación hasta llegar al orgasmo y alcanzar después el siguiente, hay poca o nula necesidad de que se contengan. Tener orgasmos en serie puede provocar elevados niveles de excitación durante largos períodos.
A menudo las mujeres varían de manera considerable en relación al tipo y formas de estimulación sexual que les gusta que se les practique. La excitación femenina tarda más tiempo en producirse y puede durar más y ser más intensa de la que experimentan los hombres. Ten en cuenta que la estimulación del clítoris y la penetración vaginal son mucho más excitantes cuando la mujer se encuentra en un estado de excitación relativamente alto y bien lubrificada.
Es mejor comenzar con caricias suaves y luego pedirle que te diga qué tipo de caricias prefiere y que guíe tu mano para alcanzar la presión que le guste. Una preferencia común consiste en comenzar el masaje frotando suavemente la agina y luego seguir con estimulación del punto G o estimulación del clítoris.
Mantén un ritmo de masaje regular en vez de detenerte y seguir y cambiar demasiado. Para añadir placer mientras masajeas su vagina, desliza tu otra mano por el resto de su cuerpo, acariciando sus pechos, jugueteando con sus pezones, masajeando su perineo y acariciando al mismo tiempo su rostro. Experimenta con algunas o todas las técnicas de caricias, adaptándolas cuando sea necesario, de acuerdo con sus preferencias. Utiliza bastante lubricación: es mejor tener demasiada que muy poca. Para llevar a cabo la mayoría de las técnicas de caricias ella debe acostarse desnuda de espaldas, con las piernas extendidas o ligeramente dobladas, abiertas un poco hacia los lados. Tú debes arrodillarte cómodamente, colocándote entre sus muslos o junto a ella.

Comienza colocando tu mano izquierda en su cabeza, con la palma sobre su frente y los dedos encima de su cráneo. Descansa tu mano derecha en su área púbica, con la palma sobre su vagina. Pregúntale cómo le gusta que masajeen su clítoris y hazlo así. 

APROXIMACIÓN A LOS GENITALES DE LA PAREJA

Desnudos y acomodados en vuestro espacio reservado, empezar dando un masaje sensual de cinco minutos para cada uno. Comienza ella acariciando las zonas eróticas de su pareja desde la cabeza hasta los genitales, mientras él se relaja siguiendo el tacto de los dedos de ella sobre su cuerpo. Luego cambian la posición y ella recibe su masaje.
Seguidamente, cada uno comenzará a acariciar su propio cuerpo desde las zonas sensuales hasta los genitales, al cabo de un rato y sin dejar de tocarse, el hombre acercará sus genitales a los de la mujer, de forma que case se toquen.

Si cualquier de los dos en un momento determinado se siente muy excitado o cerca del orgasmo, potenciarlo, recreándose en las gratas sensaciones sensuales, sin preocuparse por la presencia de la otra persona. Lo importante es poder relajarse y gozar de la estimulación, sin buscar ninguna respuesta específica o pretender algún resultado, solamente piérdete en tus percepciones corporales y gozando de la experiencia de compartir esos momento excitantes con tu pareja.

ESTIMULACIÓN MUTUA CON CONTACTO GENITAL

En el espacio y ambiente adecuados y desnudos, empezar con una autoestimulación compartida durante cinco minutos, tocándose cada uno progresivamente sus zonas sensibles desde la cabeza hasta los genitales en presencia de la pareja. Mientras disfrutáis de los estímulos y os olvidáis de las preocupaciones cotidianas, construyendo en su lugar, imágenes de contenido sensual visualizándolas con los ojos cerrados.
Paso este tiempo, el hombre se sitúa sobre la mujer, y esta cogerá el pene de su pareja (no importa que no esté suficientemente erecto) y lo utilizará para acariciar su zonas erógenas durante cinco minutos, haciéndolo pasar por entre sus labios vaginales. El hombre no hará ningún movimiento voluntario, sólo sentir el contacto agradable del pene con los genitales de ella. La mujer buscará activamente su propio placer y sensaciones sexuales. El hombre participa mentalmente sintiendo las sensaciones sexuales procedentes del contacto del pene con la vagina.
Después de ese tiempo, el hombre cogerá su pene y continuará estimulando a la mujer, mientras ella se mantiene receptiva sintiendo las agradables sensaciones que experimenta mientras el hombre busca activamente su propio placer sexual, pasando ligeramente el pene por las piernas de ella, por la superficie de los genitales y acariciando los labios vaginales. Cada uno centrará toda su atención en la percepción de las propias sensaciones eróticas.

No es necesario buscar ninguna respuesta sexual específica, basta con disfrutar de las agradables sensaciones y cultivar mentalmente emociones de intimidad, erotismos y bienestar.

INTRODUCCIÓN DE DEDOS EN LA VAGINA

Para la mujer, estos ejercicios le servirán para confiar en  su capacidad de relajarse sexualmente en presencia de su pareja, él le ayudará introduciendo su dedo en la vagina.
Después de los preparativos y ya desnudos, la mujer se tumba con las piernas abiertas, separa lentamente los labios mayores de su vagina con una mano, y con la otra coge la mano de su compañero, que tendrá el dedo mediano cubierto de lubrificante, para introducirlo lentamente en su vagina, lo puedes hacer controlando el ritmo y la profundidad que desees. Si notas cualquier molestia, para y relájate para luego continuar.
Según te vayas sintiendo más cómoda con el dedo de tu compañero dentro de tu vagina, lo puedes mover lenta y suavemente dentro de la vagina, de un lado a otro, con movimientos circulares y sacándolo e introduciéndolo. Practica estos movimientos durante cinco minutos antes de finalizar el ejercicio. Finaliza agradeciendo a tu pareja su ayuda.

Una vez superado con satisfacción la practica anterior, repite el ejercicio introduciendo su dedo en tu vagina, y cuando te sientas suficientemente cómoda, comienza a introducir su dedo índice junto con el dedo medio siguiendo tu propio ritmo, durante un rato los dejas en tu interior pero quietos, hasta que te sientas cómoda para moverlos como en la fase anterior, muévelos así durante otros cinco minutos. Y finaliza agradeciendo la experiencia vivida a tu pareja.

INTRODUCCIÓN DEL PENE

Con el espacio acondicionado y habiendo realizado los ejercicios previos de relajación y masajes sensuales, la mujer tumbada con las piernas abiertas, tomando la mano de su pareja introducirá lenta y gradualmente un dedo adecuadamente lubrificado, en su vagina hasta poderlo retener en su interior con comodidad, seguidamente introducirá de la misma forma el segundo dedo e ira moviendo poco a poco ambos dedos dentro de la vagina, así durante cinco minutos.
Cuando ella se sienta suficientemente excitada y la vagina bien dilatada, bien se pondrá encima del hombre o permanecer con las piernas bien abiertas, para ir introduciendo el pene lentamente dentro de su vagina, siguiendo su propio ritmo y si lo consideras necesario lo puedes lubrificar previamente. Cuando se sienta cómoda con el pene en su interior, se relajará y permanecerá en esta situación durante cinco minutos, antes de finalizar el ejercicio.

Una vez superada esta fase con suficiente satisfacción y comodidad, puedes hacer el ejercicio anterior continuando con movimientos lentos sintiendo como el pene resbala dentro de la vagina. El hombre ha de permanecer pasivo, dejando que sea ella quien realice todos los movimientos. Ella continuará durante cinco minutos haciendo deslizarse el pene en su vagina, como movimientos hacia dentro y hacia fuera. Y pasado este tiempo ella puede finalizar el ejercicio cuando lo desee.